Servicio fúnebre del élder Richard G. Scott (1928–2015)

Se recuerda al élder Richard G. Scott como un “hombre de Dios en todas las épocas”

El ataúd del élder Richard G. Scott, del Cuórum de los Doce Apóstoles, en el Tabernáculo de la Manzana del Templo de Salt Lake City, lunes 28 de septiembre de 2015.  Todas las fotografías son cortesía de Ravell Call y Scott G. Winterton, Deseret News.

Su familia, amigos, líderes de la comunidad y miembros de la Iglesia en todo el mundo rindieron tributo al élder Richard G. Scott en su funeral, el lunes 28 de septiembre, en el Tabernáculo de la Manzana del Templo de Salt Lake City.

El élder Scott, devoto esposo y padre, ingeniero nuclear y artista talentoso, sirvió como miembro del Cuórum de los Doce Apóstoles durante 27 años. Falleció el 22 de septiembre de 2015 a la edad de 86 años.

El presidente Thomas S. Monson presidió el funeral, el cual fue dirigido por el presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, y se transmitió en directo por televisión y por internet en LDS.org. El élder Jeffrey R. Holland y el élder M. Russell Ballard, ambos del Cuórum de los Doce Apóstoles, ofrecieron las oraciones. Además del presidente Monson, el hijo del élder Scott, Michael W. Scott, el élder D. Todd Christofferson y el presidente Russell M. Nelson también tomaron la palabra. La música fue proporcionada por el Coro del Tabernáculo Mormón.

Presidente Thomas S. Monson

Ataúd del élder Richard G. Scott.

Presidente Henry B. Eyring.

El élder Richard G. Scott fue “un hombre de Dios en todas las épocas”, dijo el presidente Monson de su amigo y compañero durante casi 40 años en los consejos de alto liderazgo en la Iglesia.

“Él amaba a las personas, amaba a su familia, amaba a su Padre Celestial”, dijo el Presidente de la Iglesia.

El élder Scott “fue bendecido con una mente perspicaz, un intelecto agudo y un espíritu caritativo” y “era más que capaz de llevar a cabo cualquier tarea que se le asignara, y siempre lo hizo con completo cuidado y gran habilidad”.

Dijo que la sonrisa del Apóstol abrió el corazón de los demás y que él “se sentía igualmente en casa tanto con los pobres y desfavorecidos, como con los ricos y famosos”.

Llamando al élder Scott “un alma bondadosa”, el presidente Monson dijo: “él nos enseñó con amor. Que podamos demostrar en nuestra vida y por nuestras acciones las lecciones que él ha grabado de forma indeleble en nosotros: lecciones de valor, lecciones de paciencia, lecciones de fe y lecciones de devoción. Todas estas cosas nos enseñó Richard G. Scott, tanto en palabras como en obras”.

Al dirigir el funeral, el presidente Henry B. Eyring dijo: “El élder Scott velaba por mí cuando yo era un miembro nuevo del Cuórum de los Doce Apóstoles. Para mí, él fue siempre el buen pastor”.

“Al igual que cada uno de ustedes, extrañaré sus palabras de bondad y su poderosa fe en Jesucristo, que nos ha tocado y elevado. Su maravillosa influencia vive y perdurará en nuestro corazón”.

El presidente Russell M. Nelson dijo: “El élder Scott era incansable a la hora de relacionarse con las personas en cualquier lugar adonde íbamos. Él consagró su vida al servicio de todas las personas. Sin importar la nacionalidad, raza o idioma, él comprendía el valor de cada alma preciosa que conoció. Su compasión es legendaria. Lo he visto enseñar, lo he visto elevar, lo he visto amar a las personas en todo el mundo”.

El élder D. Todd Christofferson, quien prestó servicio bajo el élder Scott como joven misionero, relató la devoción al deber del entonces presidente Scott. “Él nos pidió que trabajáramos arduamente, pero ninguno de nosotros podía trabajar con más intensidad que él”, dijo el élder Christofferson. “Él nos aconsejó estudiar las Escrituras y nos mostró cómo hacerlo a través de su ejemplo”.

“Sentarme con mi presidente de misión en el Cuórum de los Doce Apóstoles en los últimos siete años ha sido una bendición incomparable para mí”, dijo el élder Christofferson.

“Papá se destacaba en la mayoría de las cosas en su vida debido a las elecciones que hacía”, dijo Michael W. Scott de su padre. “Él escogió hacer muy bien las cosas y lo eran”.

El hermano Michael W. Scott compartió muchas experiencias personales acerca de su padre, reconociendo el gran ejemplo de fe y devoción del Apóstol.

Señalando que la vida es un tiempo de prueba, llena de adversidad, el hermano Scott habló de la capacidad de su padre de colmar su vida de felicidad. Ya fuese por medio de la música, el arte o al explorar lugares poco visitados, fue capaz de hallar gozo, incluso en circunstancias difíciles.

“También tenía un gran sentido del humor”, dijo él. “Le encantaba contar chistes”.

Al compartir algunos de los “momentos decisivos” de la vida de su padre, el hermano Scott habló de la relación amorosa que su padre tuvo con su madre, Jeanene.

Élder Richard G. Scott (1928–2015)
Dedicó su mejor esfuerzo a la obra del Señor

El élder Richard G. Scott, quien ha servido como miembro del Quórum de los Doce Apóstoles desde 1988, falleció el 22 de septiembre de 2015. Su esposa, Jeanene, falleció en 1995, y dos de sus hijos murieron antes de esa fecha. Son padres de 7 hijos, abuelos de 17 nietos y bisabuelos de 10 bisnietos.

Élder Richard G. Scott

El élder Scott nació en Pocatello, Idaho, EE. UU., el 7 de noviembre de 1928. A sus padres, Kenneth y Mary, se les conocía como personas de principios e integridad.

Cuando Richard tenía cinco años de edad, la familia se mudó a Washington, D.C., donde su padre trabajó para el Departamento de Agricultura de los EE. UU. junto con el élder Ezra Taft Benson, del Quórum de los Doce Apóstoles, quien estaba sirviendo como Secretario de Agricultura.

En ese momento, Kenneth no era miembro de la Iglesia y Mary estaba menos activa. (Kenneth luego se unió a la Iglesia, y él y su esposa se convirtieron en miembros activos; ellos sirvieron en el Templo de Washington D.C. por muchos años). Richard asistía a la Iglesia ocasionalmente, gracias a la motivación de amigos, obispos y maestros orientadores.

La familia Scott (de izquierda a derecha): Gerald, Wayne, Mary, Walter, Kenneth, Mitchel y Richard.

Él era un joven extrovertido. En la escuela secundaria fue elegido como presidente de los estudiantes, tocaba el clarinete en una banda y fue director de una banda musical. Aunque fue un buen alumno en la escuela y tenía muchos amigos, era solitario y carecía de confianza. Se dio cuenta después como misionero “que si realmente entendía el Evangelio, no había lugar para esa clase de sentimientos en [su] vida”2.

Durante el verano, cuando estaba de vacaciones de la escuela, Richard encontró varios trabajos que le permitieron reunir dinero para ir a la universidad. Un verano trabajó en un barco que recogía ostras en la costa de Long Island, Nueva York. Otro verano viajó a Utah para trabajar en el servicio forestal talando árboles; también reparaba vagones de ferrocarril. Otro verano solicitó empleo en la Compañía de Parques de Utah, a pesar de que le habían dicho que no había posiciones disponibles. Se ofreció a lavar los platos por dos semanas sin recibir salario. Le dijo al gerente de contratación: “Si no le gusta mi trabajo, no tiene que pagarme”. Pensó que tendría al menos un lugar donde dormir y comida para alimentarse. Lo contrataron luego de tener la iniciativa de ayudar a cocinar, así como de lavar los platos3.

Después de graduarse en la Universidad George Washington con un título en Ingeniería Mecánica, Richard sirvió una misión en Uruguay.

Luego de la escuela secundaria (preparatoria), el élder Scott asistió a la Universidad George Washington, donde obtuvo un título en Ingeniería Mecánica. También tocó el saxofón y el clarinete en una banda de jazz.

 

Pensar en servir en una misión

A los 22 años, él no había pensado mucho en prestar servicio en una misión. Pero comenzó a pensarlo luego de que la joven con la que estaba saliendo en citas, Jeanene Watkins, le dijo: “Cuando me case, lo haré en el templo y con un exmisionero”4. Él comenzó a orar acerca de servir en una misión y se reunió con su obispo para hablar sobre ello. Fue llamado a servir en Uruguay, desde 1950 a 1953.

Jeanene estudió Danza Moderna y Sociología en la Universidad George Washington. Se graduó en 1951 y luego sirvió en una misión en el noroeste de los Estados Unidos. Dos semanas después de que el élder Scott regresó de su misión, él y Jeanene fueron sellados en el Templo de Manti, Utah, en julio de 1953. De la experiencia del sellamiento compartió: “No tengo palabras para describir el sentimiento de paz y serenidad que viene al tener la seguridad de que, si continúo viviendo dignamente, podré estar con mi amada Jeanene y nuestros hijos para siempre en virtud de esa ordenanza sagrada efectuada mediante la debida autoridad del sacerdocio en la Casa del Señor”5.

Richard G. Scott se casó con Jeanene Watkins el 16 de julio de 1953.

El élder Scott tomó decisiones correctas muchas veces en su vida, a pesar de la oposición y de la presión de sus compañeros. Tal fue el caso al aceptar el llamamiento de cumplir una misión. Recordó: “Profesores y amigos trataron de disuadirme de aceptar este llamamiento misional, diciéndome que dañaría severamente mi incipiente carrera de ingeniero. Pero poco después de mi misión, fui seleccionado para el Programa Nuclear de la Marina… En una reunión que yo debía dirigir, descubrí que uno de los profesores que me había aconsejado no ir a la misión, ocupaba una posición en un programa considerablemente menor que el mío. Fue un testimonio impresionante para mí ver cómo el Señor me había bendecido al poner mis prioridades en orden”6.

Unos cinco años después de que se casaron, el élder y la hermana Scott vivieron lo que él describió como “una experiencia de crecimiento”, una prueba difícil que terminó siendo una bendición en la vida de su familia. En esa época tenían una hija y un hijo, de tres y dos años. La hermana Scott estaba embarazada de una niña. Lamentablemente, la bebé falleció al nacer. Seis semanas más tarde, Richard, su hijo de dos años, murió luego de una cirugía para corregir un defecto congénito del corazón. El élder Scott dijo de esta experiencia:

“Mi padre, que entonces no era miembro de la Iglesia, amaba entrañablemente al pequeño Richard y le dijo a mi madre, que era inactiva: ‘No entiendo cómo Richard y Jeanene pueden aceptar la pérdida de esos hijos’.

Mi madre, siguiendo una impresión que tuvo, le contestó: ‘Kenneth, ellos se han sellado en el templo y saben que tendrán a sus hijos en la eternidad si viven con rectitud. Pero tú y yo no tendremos a nuestros cinco hijos porque no hemos hecho esos convenios’.

Mi padre meditó sobre esas palabras; después, empezó a reunirse con los misioneros de estaca y al poco tiempo se bautizó. Al año, mamá, papá y los cinco hijos nos sellamos en el templo”7.

El élder y la hermana Scott luego adoptaron cuatro hijos más.

Servir en otra misión

Mientras trabajaba en el programa naval en Oak Ridge, Tennessee, el élder Scott completó el equivalente a un Doctorado en Ingeniería Nuclear. Debido a que el campo era confidencial, no le podían dar el título. El oficial naval que invitó al joven Richard Scott a unirse al programa nuclear era Hyman Rickover, un innovador en el campo de la ingeniería nuclear. Trabajaron juntos por 12 años, hasta que el élder Scott fue llamado a servir como presidente de misión en Argentina en 1965. El élder Scott explicó cómo recibió el llamamiento:

“Cierta noche me hallaba reunido con las personas encargadas de una parte esencial del equipo de propulsión, cuando mi secretaria nos interrumpió y me dijo: ‘Hay un hombre al teléfono que dice que si le digo su nombre, usted lo atenderá’.

‘¿Cómo se llama?’, le pregunté.

‘Harold B. Lee’, respondió.

‘Tiene razón’, le contesté, y acepté la llamada. El élder Lee, que luego fue llamado a servir como Presidente de la Iglesia, me preguntó si podía verme esa misma noche. Se hallaba en la ciudad de Nueva York y yo estaba en Washington D.C. Tomé un vuelo para reunirme con él y mantuvimos una entrevista que derivó en mi llamamiento como presidente de misión”.

Foto familiar tomada antes del llamamiento del élder Scott para prestar servicio como presidente de la Misión Argentina Córdoba. (De izquierda a derecha) Mary Lee (11 años), Jeanene, Linda (2 años), Richard y Kenneth (3 años).

El élder Scott entonces sintió que debía hacerle saber inmediatamente al almirante Rickover, una persona muy trabajadora y exigente, acerca de su llamamiento.

“Mientras le explicaba en qué consistía el llamamiento misional y que me obligaría a tener que dejar mi empleo, él se molestó bastante, al grado de decirme cosas que ahora no puedo repetir y romper la bandeja de los papeles que había sobre su escritorio. Por medio de los comentarios suyos que siguieron después, dejó bien claros dos puntos:

“‘Scott, su trabajo en este programa de defensa es tan importante que nos costará un año poder reemplazarle, así que no puede irse. Segundo, si se va, se convertirá en un traidor a su país’.

“Le dije: ‘Puedo capacitar a mi sustituto en los dos meses que me restan, así no habrá riesgo alguno para el país’.

“La conversación siguió y finalmente me dijo: ‘Jamás volveré a dirigirle la palabra. No quiero volver a verlo. Está acabado, y no sólo aquí; no se le ocurra ni pensar en volver a trabajar en el campo de la energía nuclear’”.

“Yo le respondí: ‘Almirante, puede echarme de su despacho, pero a menos que me lo impida, voy a entregar esta asignación a otra persona’”.

Fiel a su palabra, el almirante dejó de hablarle al élder Scott. Cuando había que tomar decisiones críticas, él enviaba un mensajero. Él asignó a una persona para asumir la responsabilidad del élder Scott, a quien el élder Scott capacitó.

En su último día en el trabajo, el élder Scott solicitó una cita con el almirante. Su secretaria se quedó atónita. El élder Scott entró al despacho con un ejemplar del Libro de Mormón. El élder Scott explicó lo que pasó después:

“Él me miró y me dijo: ‘Siéntese, Scott. ¿Qué tiene? De toda manera posible he tratado de obligarle a cambiar. ¿Qué es lo que tiene?’. Entonces se produjo una conversación muy interesante y apacible. En esa ocasión se mostró más dispuesto a escuchar.

“Dijo que leería el Libro de Mormón y entonces sucedió algo que jamás pensé que ocurriera: ‘Cuando vuelva de la misión’, me dijo, ‘quiero que me llame. Habrá un puesto para usted’”8.

El élder Scott compartió la lección que aprendió de esta u otras veces que escogió lo justo a pesar de la oposición: “Tú tendrás que hacer frente a dificultades y tomar decisiones difíciles a lo largo de la vida. Ten desde ahora la determinación de hacer siempre lo justo por más que te cueste, pues suceda lo que suceda, siempre será para tu beneficio”9.

Como presidente de misión fue eficiente y compasivo. Uno de sus misioneros, Wayne Gardner, recuerda haber hecho arreglos para una conferencia misional que sería lejos de la casa de la misión y él tenía la responsabilidad de recoger al presidente Scott del aeropuerto. A último momento, el edificio que el élder Gardner había programado para la conferencia no estaba disponible. Luego, a su compañero y a él se les hizo tarde para llegar al aeropuerto a recoger al presidente Scott. Para empeorar las cosas, olvidaron decirle al conductor del taxi que los esperara y no había otros taxis, así que se quedaron varados.

“Aun cuando podía ver la frustración reflejada en el rostro del presidente”, el élder Gardner recuerda, “pasándome el brazo sobre los hombros, me expresó su cariño. Él fue muy comprensivo y paciente. Espero no olvidar nunca esa lección”10.

El presidente Scott sostiene un Libro de Mormón en Bolivia.

El presidente Scott confió en el Libro de Mormón como una fuente de inspiración para sí mismo y para los misioneros. En una ocasión, un misionero fue a su oficina con un problema. El élder Scott recordó:

“Mientras él hablaba, comencé a pensar en comentarios específicos para ayudarle a resolver su dificultad. Cuando terminó de hablar, le dije: ‘Sé cómo ayudarle’. Me miró con entusiasmo y de repente mi mente se quedó en blanco. No podía recordar nada de lo que había preparado para decirle.

“Con ansiedad, comencé a hojear el Libro de Mormón que tenía en mi mano hasta que mi atención se dirigió a un pasaje de las Escrituras muy significativo, que le leí a él. Esto ocurrió tres veces. Cada pasaje de las Escrituras se aplicó perfectamente a su situación. Entonces, como si una cortina se hubiera levantado de mi mente, recordé el consejo que había planeado darle. Ahora este consejo tenía mucho más significado, porque estaba basado en un fundamento de gran valor de las Escrituras. Cuando terminé de hablar, él dijo: ‘Sé que el consejo que me ha dado ha sido inspirado porque usted repitió los mismos tres pasajes de las Escrituras que me dieron cuando fui apartado como misionero’”11.

Servicio continuo en el hogar y lejos de casa

Cuando el élder y la hermana Scott culminaron su misión en Argentina regresaron a Washington, D.C. y el élder Scott siguió trabajando en la industria de la ingeniería nuclear. Algunos de sus colegas que habían trabajado con él antes de su misión le pidieron que se uniera a su firma consultora privada. Él trabajó para esa compañía desde 1969 hasta 1977. En la Iglesia sirvió como consejero en una presidencia de estaca y después como representante regional.

El élder Richard G. Scott y su hijo Ken examinan una pieza de un reactor nuclear cerca de su hogar en Washington, D.C., en 1977. Foto cortesía de Deseret News.

En 1977, ocho años después de haber sido relevado como presidente de misión, el élder Richard G. Scott fue llamado al Primer Quórum de los Setenta. Sus primeras asignaciones incluyeron prestar servicio como director ejecutivo del Departamento del Sacerdocio y luego como administrador ejecutivo en México y Centroamérica. Él y su familia vivieron en Ciudad de México por tres años durante esa asignación. Los miembros de Latinoamérica apreciaron su estilo de liderazgo amigable, su habilidad de hablar español y su sincero amor por la gente.

El élder Richard G. Scott presidió cuando se creó la Estaca Tecalco, México, el 25 de junio de 1989, en Chalco, México. Foto cortesía de Deseret News.

Incluso en su función como Autoridad General, fue lo suficientemente humilde para aprender de los maestros y líderes locales. Recordó haber recibido revelación cuando estaba sentado en una reunión del sacerdocio en una rama en Ciudad de México:

“Recuerdo vívidamente cómo un humilde líder del sacerdocio mexicano se esforzaba por comunicar las verdades del Evangelio del material de su lección. Noté el inmenso deseo que él tenía de compartir con los miembros de su quórum esos principios que él valoraba tanto; él se daba cuenta de que tenían gran valor para los presentes. Su actitud evidenciaba su amor puro por el Salvador y el amor que sentía por aquellos a quienes enseñaba.

Su sinceridad y su intención pura y su amor hicieron que una gran fortaleza espiritual envolviera el salón. Me sentí sumamente conmovido. Después comencé a recibir impresiones personales como extensión de los principios que ese humilde maestro había enseñado. Fueron personales y relacionadas con mis asignaciones en el Área, y una respuesta a mis prolongados esfuerzos y oraciones en busca de aprendizaje.

Al recibir cada impresión, la anotaba al detalle. En el proceso, recibí magníficas verdades que necesitaba enormemente para ser un siervo del Señor más eficiente”12.

Después de regresar de México, recibió otra asignación valiosa: trabajar con historia familiar. Prestó servicio como director administrativo del Departamento de Historia Familiar y luego, después de que fue llamado a la Presidencia del Primer Quórum de los Setenta, llegó a ser Director Ejecutivo del departamento. Debido a que el padre del élder Scott era converso a la Iglesia, había que hacer mucha investigación en esa línea familiar, así que el élder Scott y su esposa, junto con sus padres, dedicaron tiempo a investigar su historia familiar.

A mediados de los 80, la tecnología comenzó a desempeñar un papel más grande en la obra de historia familiar, pero “incluso con la ayuda de las computadoras, hay y siempre será un requisito la participación personal en esta obra”, dijo el élder Scott, “para que los miembros de la Iglesia tengan las grandes experiencias espirituales que la acompañan y sientan el espíritu de la obra”13.

En 1988 llegó un llamamiento abrumador. Se reunió con el presidente Ezra Taft Benson (1899–1994), quien, “con ternura, amor y gran comprensión”, extendió al élder Scott el llamamiento para ser apóstol del Señor. “No podía dejar de llorar”, dijo el élder Scott de esa experiencia. “Y entonces el presidente Benson me habló muy gentilmente de su propio llamamiento para darme consuelo. Él testificó de qué manera había recibido mi llamamiento. Siempre recordaré esa consideración y comprensión del profeta del Señor”14. El élder Scott fue sostenido dos días después en la conferencia general el 1 de octubre.

Aceptar este llamamiento, como muchos otros que recibió a lo largo de su vida, fue su manera de mantener el convenio que hizo muchos años antes: “Cuando era muy joven”, dijo, “hice un convenio con el Señor de que dedicaría mis mejores esfuerzos a Su obra. He repetido ese convenio a través de los años”15.

Matrimonio

El élder Scott y su esposa, Jeanene, disfrutaron muchas actividades juntos, tales como la observación de aves, la pintura (él utilizaba acuarelas; ella usaba pasteles), así como escuchar jazz y música folclórica de Sudamérica.

Uno de los pasatiempos del élder Richard G. Scott era pintar con acuarelas.

Quienes han escuchado los discursos de conferencia general del élder Scott saben de su amor por Jeanene. Él hablada de ella a menudo, incluso después de que falleciera. En su primer discurso de conferencia general como miembro del Primer Quórum de los Setenta en 1977, el élder Scott rindió tributo a su esposa, “mi amada compañera… Jeanene ha sido siempre un modelo de testimonio puro, amor y devoción, y mi torre de fortaleza”16.

Recientemente, en un discurso inspirado sobre el matrimonio, recordó muchas de las expresiones de amor que él y Jeanene compartieron para fortalecer su matrimonio. Y concluyó:

“Les ruego que me perdonen por hablar de mi adorada esposa Jeanene, pero somos una familia eterna. Ella siempre estaba dichosa y feliz, y en gran parte se debía al servicio que prestaba a los demás. Aun cuando estuviera muy enferma, durante la oración por la mañana pedía a su Padre Celestial que la guiara a alguien a quien pudiera ayudar…

“Sé lo que es amar a una hija del Padre Celestial que, con gracia y devoción, vivió plenamente y con rectitud el esplendor de su condición justa como mujer. Tengo confianza de que cuando en el futuro la vuelva a ver detrás del velo, nos daremos cuenta de que estamos aún más profundamente enamorados. Nos valoraremos aún más por el hecho de haber pasado este tiempo separados por el velo”17.

Ahora están reunidos.

Jeanene y Richard Scott frente a su pintura de las Cataratas del Iguazú. El élder Scott a menudo hablaba amorosamente de su esposa, incluso después de que ella falleciera en 1995.

Enseñanzas selectas

Los discursos de conferencia general del élder Scott se caracterizaban por un deseo sincero de ayudar a las personas con problemas difíciles: duda, depresión, pecado, abuso y otras formas de adversidad. “Este es un mensaje de esperanza para aquellos que anhelan recibir alivio de las pesadas cargas que sobrellevan”, dijo en la Conferencia General de abril de 1994. Luego enseñó a los miembros de la Iglesia cómo buscar alivio al ejercer la fe en Jesucristo. (Véase “Para ser sanado”, Liahona, julio de 1994, págs. 7–10).

Las siguientes enseñanzas son un ejemplo de la variedad de temas que enseñó a través de los años:

Perdón: “No puedes borrar lo pasado, pero puedes perdonar (véase D. y C. 64:10). El perdón sana las heridas más trágicas y terribles, porque permite que el amor de Dios expurgue tu corazón y tu mente del veneno del odio; también te limpia la conciencia del deseo de venganza y da lugar al amor sanador, renovador y [purificador] del Señor” (“Cómo sanar las trágicas heridas del abuso”, Liahona, julio de 1992, pág. 37).

Fe y carácter: “El ejercicio de la fe en los principios verdaderos edifica el carácter y, el carácter fortalecido expande tu capacidad para ejercer más fe… Un firme carácter moral resulta de las decisiones correctas y constantes durante las dificultades y pruebas de la vida. Dichas decisiones se toman confiando en cosas en las que se cree y que, cuando se actúa en consecuencia, las mismas se confirman” (“El poder transformador de la fe y del carácter”, Liahona, noviembre de 2010, págs. 43–44).

Los discursos de conferencia general del élder Scott se caracterizaban por un deseo sincero de ayudar a las personas con problemas difíciles.

El albedrío y el bien y el mal: “Nuestro Padre Eterno definió, antes de la creación de esta tierra, la verdad y determinó lo que está bien y lo que está mal; Él estableció también las consecuencias de la obediencia y de la desobediencia a esas verdades. Él nos dio el derecho de elegir nuestro camino en la vida a fin de que podamos progresar, desarrollarnos y ser felices, pero no tenemos el derecho de elegir las consecuencias que tendrán nuestras acciones” (“Cómo sanar tus heridas”,Liahona, enero de 1996, pág. 68).

Oración: “Él es nuestro Padre perfecto y nos ama mucho más de lo que podamos comprender; Él sabe lo que es mejor para nosotros, porque ve el fin desde el principio. Su deseo es que actuemos para ganar experiencia.

“Cuando contesta , es para darnos confianza.

Cuando contesta No, es para evitarnos un error.

Cuando se reserva la respuesta, lo hace para que progresemos mediante la fe en Él, la obediencia a Sus mandamientos y la disposición a actuar de acuerdo con la verdad” (“Cómo reconocer las respuestas a las oraciones”, Liahona, enero de 1990, pág. 32).

Testimonio de Jesucristo: El Salvador nos ama a cada uno de nosotros y hará posible que se satisfaga toda necesidad nuestra al hacernos merecedores, mediante la obediencia, de todas las bendiciones que Él quiere que tengamos en esta tierra. Yo lo amo y lo adoro. Como Su siervo autorizado, testifico solemnemente con todas las facultades de mi ser que Él vive” (¡Él vive, y yo lo honraré!”, Liahona, mayo de 2010, pág. 78).

Notas

  1. Richard G. Scott, “He Lives”, Liahona, enero de 2000, pág. 108.
  2. En Marvin K. Gardner, “Élder Richard G. Scott: ‘El verdadero poder proviene del Señor’”, Liahona, febrero de 1990, pág. 18.
  3. En Gardner, “Élder Richard G. Scott: ‘El verdadero poder proviene del Señor’”, Liahona, febrero de 1990, pág. 19.
  4. Jeanene Watkins, en Gardner, “Élder Richard G. Scott: ‘El verdadero poder proviene del Señor’”,Liahona, febrero de 1990, pág. 20.
  5. Richard G. Scott, “Las bendiciones eternas del matrimonio”, Liahona, mayo de 2011, pág. 94.
  6. En “Elder Richard G. Scott of the First Quorum of the Seventy”, Ensign, mayo de 1977, pág. 102–103.
  7. Richard G. Scott, “Recibe las bendiciones del templo”, Liahona, julio de 1999, pág. 31.
  8. Richard G. Scott, “La toma de decisiones difíciles”, Liahona, junio de 2005, págs. 8–9, 10.
  9. Richard G. Scott, “Haz tú lo justo”, Liahona, marzo de 2001, pág. 14.
  10. Wayne L. Gardner, en Gardner, “Élder Richard G. Scott: ‘El verdadero poder proviene del Señor’”,Liahona, febrero de 1990, pág. 21.
  11. Richard G. Scott, “The Power of the Book of Mormon in My Life”, Ensign, octubre de 1984, pág. 9.
  12. Richard G. Scott, “Cómo obtener guía espiritual”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 7.
  13. En “Elder Richard G. Scott of the Quorum of the Twelve”, Ensign, noviembre de 1988, pág. 102.
  14. En “Elder Richard G. Scott of the Quorum of the Twelve”, Ensign, noviembre de 1988, pág. 101.
  15. En “Elder Richard G. Scott of the Quorum of the Twelve”, Ensign, noviembre de 1988, pág. 101.
  16. Richard G. Scott, “Gratitud”, Liahona, octubre de 1977, pág. 58.
  17. Richard G. Scott, “Las bendiciones eternas del matrimonio”, Liahona, mayo de 2011, pág. 97.
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Una respuesta a Servicio fúnebre del élder Richard G. Scott (1928–2015)

  1. corazon koo carrillo dijo:

    gracias

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