Liahona Abril 1962

Liahona Abril 1962

  1. Nuestro ejército de misioneros David O. McKay
  2. El perfil de un profeta Hugh B. Broten
  3. Mi testimonio Antonio Vilaró
  4. El lugar de nacimiento del profeta Cárter E. Grant
  5. La perla de gran precio Obispado Presidente
  6. “Aprenda cada varón su deber” Comité del Sacerdocio de Melquisedec
  7. El evangelio Celia Martínez Cid
  8. Por las huellas de Jesús the Improvement Era
  9. Yo quisiera ser misionero the Improvement Era
  10. La carta a wentworth Preston Nibley
  11. Una religión activa Stcrling W. Sill
  12. El enigma de la epístola a los Hebreos Preston liobinson
  13. El ayuno y las ofrendas the Church News

 


Nuestro Ejército de Misioneros

por el presidente David O. McKay

Considerados en un sentido general, los misioneros de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, están comprendidos en tres categorías:

Primera: la de hombres y mujeres integrantes de barrios o ramas organizadas, que son llamados por las Autoridades Generales de la Iglesia a abandonar sus ocupaciones o estudios para dedicar dos, tres o más años de sus vicias a la predicación del evangelio en una de las misiones establecidas en el mundo.

Segunda: la de hombres y mujeres no comprendidos dentro de las jurisdicciones de las estacas organizadas, llamados y apartados por un presidente de misión para trabajar junto con los misioneros ele tiempo regular. Estos también deben dejar sus tareas cotidianas y solventar sus propios gastos, y sirven tan fielmente como aquéllos.

En su mayoría, estos son jóvenes y señoritas a quienes se instruye para que salgan por el mundo como representantes de la Iglesia, haciéndoles comprender que todo delegado de organización alguna—económica o religiosa—debe poseer una prominente virtud y que ésta es la lealtad. Declaró una gran verdad aquél que dijo: “Ser digno de confianza es más halagüeño que ser amado.” Y ¿a quién representan estos misioneros? En primer lugar, representan a Jesucristo, el Señor a quien sirven. Estos embajadores—porque esto es lo que son—llevan en elidía representación una de las responsabilidades más grandes de sus vidas. En segundo lugar, representan a la Iglesia, y específicamente al barrio o rama a que pertenecen. Y por último, son representantes de sus propios padres, lo cual implica la responsabilidad de mantener siempre limpio su buen nombre.

Podemos vislumbrar la benéfica influencia del sistema misionero sobre la juventud. Cada diácono, maestro o presbítero que mire hacia el futuro, y todo élder de la Iglesia, sabe que para poder ser digno de representar a la Iglesia de Jesucristo en la obra misionera, debe ser moderado en sus hábitos y moralmente limpio.

Tercera: la de los misioneros llamados “locales”—hombres y mujeres que aunque mantienen sus empleos o continúan sus estudios, dedican su tiempo libre a la obra misionera dentro de las jurisdicciones de su propia estaca o misión.

Cuando recibe el llamamiento, no importa cuales fueren las circunstancias o sus responsabilidades, cada candidato misionero responde, cual Samuel: “. . . Habla, porque tu siervo oye.” (1 Samuel 3:10)—Raramente un joven ofrece una excusa.

El verdadero cristianismo es amor en acción. No hay manera mejor de demostrar nuestro amor a Dios que manifestándolo a través de sinceros sentimientos hacia nuestros semejantes. Este es el espíritu de la obra misionera. Nuestros misioneros van movidos por el espíritu del amor, no pretendiendo nada de la nación o la gente adonde son enviados—ni alabanzas personales ni recompensas materiales.

Las tareas de los misioneros comprendidos dentro de estos tres grupos mencionados, son cuidadosamente anotadas y registradas—reuniones; conversaciones mantenidas, número de folletos distribuidos y libros vendidos; todo es compendiado; a cada uno se le reconoce cada hora dedicada y cada logro obtenido.

Pero hay un cuarto grupo de misioneros cuyos nombres no figuran en los registros, cuyas horas de servicio a la Iglesia y a la causa del Maestro son raramente contadas y cuyos benéficos esfuerzos pocas veces se mencionan; y sin embargo están en todos los lugares donde la Iglesia está creciendo.

Esos sois vosotros, los que habéis hecho del evangelio parte de vuestra vida diaria. Sois vosotros los que sabéis cómo ganar un amigo para la Iglesia y para vosotros mismos con simplemente ser un buen vecino. ¡Sí, todos somos misioneros!

Dios bendice a los misioneros, doquiera se encuentren, porque son Sus siervos v lo seguirán siendo mientras permanezcan puros y sin manchas de los pecados del mundo. Os testifico que Su Espíritu les guía, magnificándoles en su juventud y haciéndoles poderosos en la predicación del evangelio de Jesucristo.

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3 respuestas a Liahona Abril 1962

  1. Rossana Luzmila Clapez de Llantoy dijo:

    LiahonaSud

    Muchas Gracias

    Por el envió de los bellos mensaje.

    Cordialmente,

    Rossana Clapes de Llantoy

    ________________________________

  2. Rossana Luzmila Clapez de Llantoy dijo:

    LiahonaSud

    Muchas Gracias

    Los mensajes son muy hermosos conjuntamente con los mensajes relacionados que se muestran en los videos . Estoy aprendiendo y fortaleciendome asi poder compartirlo con mi familia y las personas que me rodean.

    Gracias por su gentil atención.

    Atentamente,

    Rossana Clapes de Llantoy

    ________________________________

  3. Claudia panameño dijo:

    Me parece muy bueno q estén compartiendo con nuestra generaciones. Mensajes de profetas de todos los tiempo, los mensajes emnoblecen nuestra alma!!Bendiciones

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