EL CONTROL DE LOS MEDIOS DE DIFUSIÓN EN EL HOGAR

Liahona Febrero 200

Nuestros hijos se están criando en una época en que las comunicaciones de las masas están fácilmente al alcance de todos, a la vez que surten en ellos una gran influencia. Esta fácil accesibilidad es a la vez una bendición y también un problema. Los medios de difusión pueden educar y entretener, informar e inspirar, pero también pueden envilecer y corromper.

Así como jamás concebiríamos el permitir que nuestros hijos-jugarán en Casa con cables eléctricos sin aislante y al descubierto, de igual modo debemos aislar y controlar el tiempo que nuestra familia esté expuesta al televisor, la radio, las películas, la música, los juegos de video y de computadoras, el Internet, las revistas y los periódicos.

De todos los medios de difusión, la televisión quizás sea el que mayor influencia surta. Por esa razón, este argumento se concentrará primordialmente en la televisión, pero los comentarios específicos que se hagan con respecto a este tema se pueden aplicar a todas las formas de comunicación de las masas.

Los programas que se encuentran disponibles en la televisión hoy en día permiten a más gente que nunca la oportunidad de experimentar música, drama y arte espectaculares y el estar expuestos a los pensamientos y a la vida de hombres y mujeres sobresalientes. Lamentablemente, muy pocas familias aprovechan esas magníficas presentaciones. Una de las razones por las que tal vez no las veamos es porque otros programas de calidad inferior, pero promociona- dos de manera extraordinaria, a menudo llaman más nuestra atención.

Y ése es el problema. Los productores de televisión nos sofocan con tanto material degradante e indigno de nuestra naturaleza superior, que es imposible que aquellas personas que no saben administrar el tiempo que dedican a ver televisión escapen a la violencia y a otros comportamientos inapropiados que en ella se exhiben.

Más aún, no es necesario que los programas de televisión sean excesivamente violentos ni que se concentren en el tema del sexo para que afecten a nuestra familia de manera negativa. Wendell Berry, un inteligente escritor contemporáneo, describe el cordón del televisor como “un tubo de la aspiradora que chupa y extrae la vida y el significado de un hogar”. Y añade: “La televisión y otros medios de difusión han aprendido a insinuar con astucia cada vez mayor… que es mejor consumir que producir, comprar en vez de plantar y confeccionar, salir a pasear en vez de quedarse en casa. Si usted tiene un televisor, sus hijos estarán sujetos, casi desde que estén en la cuna, a una extraordinaria insinuación de que todo lo que vale la pena experimentar está en alguna otra parte y que todo lo que vale la pena tener se debe comprar” (The Gift of Good Land, 1981, pág. 156).

La televisión no sólo es representativa de la cultura, sino que también influye mucho en ella. Algunos programas, por ejemplo, dan la impresión de que la vida familiar es ridicula y monótona; caracterizan a padres y madres como a personas débiles y desdichadas en sus papeles tradicionales. Esos programas distorsionan la realidad y pueden persuadir al niño a adquirir falsas expectativas en cuanto a la vida. Dichos espectáculos insinúan que los problemas complejos de la vida siempre tienen una solución rápida y simple, que se pueden resolver en un solo episodio de media hora o de una hora de duración.

Podemos alentar a las cadenas de radio y televisión nacionales y locales a patrocinar programas de calidad al tomar un momento para escribirles cartas de agradecimiento cada vez que lo hagan.

Muchas veces el problema es simplemente que el tiempo que se pasa viendo televisión podría pasarse en actividades que valieran más la pena. ¿Qué estarían haciendo usted y su familia si no estuvieran viendo televisión? ¿Estarían leyendo más, cantando más, jugando más unidos y llegándose a conocer mejor los unos a los otros? ¿Podrían más actividades como éstas hacer que su vida familiar fuese más satisfactoria y les ayudaría a acercarse más a nuestro Padre Celestial y los unos a los otros?

Hace algunos años, una madre deseaba disminuir el tiempo que el televisor estaba quitándoles a los niños de edad escolar de su vecindario, por lo que empezó una campaña con el fin de fomentar la idea de pasar más tiempo alejados del televisor, a la que nombró: “Apaga tu televisor; enciende tu mente”. Extendió el desafío a los estudiantes de la escuela a la que asistían sus hijos a dejar de mirar televisión durante un mes, excepto durante dos o tres horas a la semana de noticias o programas educativos. De inmediato contó con el apoyo del director y del cuerpo docente de la escuela. Los maestros contribuyeron con ideas en cuanto a la forma en que los alumnos podrían utilizar su tiempo y los niños emprendieron proyectos especiales, tales como el participar en maratones de lectura, la construcción de modelos y el llevar a cabo experimentos.

La campaña “Apaga tu televisor” resultó ser una ex-periencia memorable, en especial para los niños y sus padres. Los medios de difusión locales dieron cobertura al acontecimiento y elogiaron los esfuerzos de los participantes.

Al igual que esa madre, nosotros podemos hacer que la influencia que la televisión tenga en nuestra vida sea por lo que escojamos ver y no lo que veamos de modo fortuito. La forma en que nosotros controlemos este medio de difusión determinará si es un siervo útil o un maestro dominante de nuestro tiempo y de nuestra energía mental.

Para cada familia dan resultado diferentes métodos de administración; algunas eligen no tener siquiera un televisor; otras miran televisión únicamente cierto número de horas a la semana; otras tienen reglas que regulan cuándo se puede encender el televisor. No importa el método que se siga, lo importante es que las familias lleguen juntos a un acuerdo en cuanto al criterio que emplearán al seleccionar los programas de televisión.

Al explorar las formas de controlar el uso de la televisión, tal vez los padres deseen llevar a cabo una encuesta en cuanto a la influencia que los medios de difusión tienen en la familia. Las preguntas que siguen a continuación podrían servir de guía:

  1. Haga una lista de lo que los miembros de la familia miran, escuchan o leen durante una semana. Se deben incluir televisión, videos, películas, música, computadora, radio, libros, revistas y periódicos. ¿Cuánto tiempo se dedica a cada una de estas actividades?
  2. Calcule cuántas horas por semana hace usted uso del televisor para mantener entretenidos a los niños. ¿Varía con la edad de los niños?
  3. ¿Ayuda usted a seleccionar programas de televisión para los hijos más pequeños? ¿Para los hijos mayores?
  4. Como padres, ¿qué programas ven ustedes?
  5. ¿Qué libros, revistas u otro material de lectura tienen disponibles en su hogar?
  6. ¿En dónde está ubicado el televisor? ¿Es el mueble principal, con los sofás y los sillones situados alrededor de él? ¿Hay televisores en los dormitorios? ¿En qué forma influyen en los hábitos de dormir, trabajar o estudiar?
  7. ¿Con cuánta frecuencia está encendido el televisor durante las comidas? ¿Influye en la calidad o en la cantidad de la conversación que se tiene a la hora de comer?
  8. ¿Cuán a menudo se toman el tiempo para analizar como familia un programa de televisión después de verlo? ¿Hablan alguna vez sobre la forma en que el mensaje que transmitió el programa se compara con el Evangelio?
  9. ¿Están satisfechos con la influencia que la televisión tiene en sus hogares? ¿Qué les gustaría cambiar?

Después de llevar a cabo esta encuesta, tal vez quieran analizar en un consejo familiar las preferencias de la familia en lo que respecta a los medios de difusión, y evaluarlas juntos. Si deciden, como familia, que tienen que hacer algunos cambios, lleguen a un acuerdo y elogien las buenas elecciones que ya se estén haciendo. Si se ve televisión en exceso, la familia quizás desee establecer algunas reglas o pautas con el fin de regular la influencia que la televisión tiene en su hogar.

Los padres podrían considerar el adoptar cualquiera o todas las ideas que siguen a continuación con el fin de regular lo que la familia ve en televisión. Naturalmente, esas ideas se pueden modificar para incluir todos los tipos de medios de difusión.

  1. Como familia, determinen cuáles son los valores que desean utilizar como norma de conducta en los programas de televisión que vean. Las normas son las mismas para padres e hijos.
  2. Lleguen a un acuerdo, como familia, de que si un programa no reúne esas normas, apagarán el televisor.
  3. Los padres no utilizarán el televisor de manera inapropiada como niñera.
  4. Los padres seguirán de cerca los programas para los niños. A veces, incluso los programas educativos para niños no reúnen las normas establecidas por la familia.
  5. Cuando se vaya a exhibir un programa particularmente excelente, se anotará en el calendario familiar con el fin de que la familia lo pueda disfrutar junta.
  6. En el día de reposo, si se enciende el televisor por alguna razón, el programa deberá estar en armonía con el espíritu del día de reposo.
  7. La casa debe estar ordenada y las tareas escolares se deberán haber terminado antes de encender el televisor.

El pasar tiempo viendo los medios de difusión —sean buenos o malos— puede convertirse en hábito. Pero es un hábito que se puede quebrantar. Una mujer que se había hecho “adicta” a ver telenovelas durante el día decidió cambiar sus prioridades y poner fin a lo que consideraba una práctica en la que desperdiciaba su tiempo y su mente. Llegó a lograrlo y más tarde escribió: “A veces toda nuestra familia ve programas de televisión juntos, y es muy divertido, pero ahora soy yo la que está al mando. Cuando deseo invitar a reporteros, actores o animadores a mi hogar, lo hago, pero es porque tienen que ofrecer programas informativos moral, espiritual y emocionalmente edificantes, y no tan sólo porque estén ahí” (LeRee Farrar, “How I Kicked the TV Habit”, Ensign, marzo de 1977, pág. 19).

Junto con el Señor, los padres y los hijos pueden aprender a escapar el aluvión de programas negativos de los medios de difusión y ocupar su tiempo en actividades más productivas. A medida que las familias se hagan cargo de los medios de difusión en sus hogares, descubrirán que se comunicarán más los unos con los otros, se escucharán más mutuamente y se llegarán a conocer más unos a otros como jamás lo habían hecho. El efectuar este tipo de actividades fomentará una clase de comunicación más importante que cualquier otra que provenga a través de los medios de comunicación. □

CONTROLEMOS LA INFLUENCIA DE INTERNET

Al igual que la televisión, Internet puede ser una fuente de gran cantidad de valiosa información, aunque las personas que buscan la suciedad, la violencia y la depravación fácilmente las pueden encontrar allí.

Los padres pueden tomar varias medidas con el fin de controlar la influencia que Internet tenga en su familia. Una de las opciones es instalar software que bloquee el acceso a los sitios web que no sean apropiados. Otra manera de controlar el uso de Internet es establecer el acceso con una contraseña que sólo los padres conozcan. Una de las mejores precauciones es ubicar las computadoras que estén conectadas a Internet en lugares en donde haya mucha gente, y limitar el acceso a las horas en las que otros miembros de la familia estén despiertos y puedan vigilar de cerca el tiempo que se pase en la computadora.

Es necesario que los padres sepan cuándo, dónde y cómo están sus hijos usando Internet. Por lo general, el acceso que se tiene a él en las es cuelas está controlado, lo cual tal vez no sea así en las bibliotecas públicas o en el hogar de uno de los amigos.

Aquellos padres que tengan un buen conocimiento de Internet están en mejor posición de guiar a sus hijos en cuanto al uso apropiado del mismo.

Los padres que no sepan cómo usar Internet por lo general pueden encontrar a alguien que esté dispuesto a enseñarles. Los maestros mejores y más entusiastas tal vez sean los hijos propios.

Los padres prudentes hacen de la actividad en Internet una actividad familiar y fijan reglas en cuanto al uso de la computadora. Entre las reglas que la familia podría llevar a la práctica se encuentran éstas:

■ Mantener públicas las conversaciones con extraños; no mantener contacto con ellos en privado. Las personas no siempre revelan su verdadera identidad.

■ No revelar información personal a ninguna persona a través de Internet.

■ Nunca acceder, sin el permiso de los padres, a conocer en persona ni a comunicarse por teléfono con alguien a quien se haya conocido por internet.

■ Hacer saber de inmediato a los padres en cuanto a alguna experiencia desagradable que hayan tenido en Internet, incluso aquellas que se les ruega que mantengan en secreto.

Por cierto, las reglas tienen eficacia únicamente cuando se imponen con firmeza y equidad. Cuando se cercioren de que las reglas familiares se estén llevando a la práctica, los padres tendrán más éxito si ellos mismos dan un ejemplo intachable, enseñan a sus hijos principios correctos y les hacen saber que confían en que tomarán las decisiones correctas. □

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s