Fe en cada paso: la heroica jornada de los pioneros

Fe en cada paso: la heroica jornada de los pioneros

En una videograbación, la Primera Presidencia visita seis lugares históricos y rinde tributo a la fe de los pioneros Santos de los Últimos Días.

 

Narrador:
Presidente Gordon B. Hinckley

La heroica jornada de los pioneros Santos de los Últimos Días comenzó en las riberas del río Misisipi. Aquí, en Nauvoo, habían transformado un pantano en una floreciente comunidad de comercio y de hermandad. Pero Nauvoo no seria su destino final; simplemente fue un lugar en donde se detuvieron por una temporada.

La severa persecución que había expulsado a los santos de Misuri amenazaba nuevamente su vida y su ciudad. El profeta José Smith y Hyrum fueron asesinados en la cárcel de Carthage el 27 de junio de 1844; la vida en Nauvoo llegaba a su fin.

El domingo 1 de febrero de 1846 los santos adoraron juntos en la “Ciudad de José”. Al día siguiente, Brigham Young mandó a las familias a prepararse para salir tan sólo con cuatro horas de anticipación.

El éxodo comenzó en medio del extremo frío que hacia en ese crudo invierno; así, muchos de los santos reunieron sus pertenencias y cerraron las puertas de sus viviendas por ultima vez mientras se dirigían a lo que se encontraba mas allá del río y al oeste.

Ahora Nauvoo se encuentra en paz. Las viviendas y los mercados se han restaurado con amor. Este es el lugar que ejemplifica la industria y el cometido; puedo percibir la valentía y la destreza de los santos mientras edificaban una ciudad para Dios.

Cómo se habrán sentido al dejar tanto detrás!, los campos que habían cultivado, los arboles que habían plantado, el templo que habían edificado. Los hombres, las mujeres y los niños abandonaron sus hermosas casas, se subieron a sus carromatos y se dirigieron hacia el río. Allí lo cruzarían y luego marcharían lentamente sobre la tierra de Iowa, mirando una y otra vez lo que dejaban detrás y que nunca mas volverían a ver.

El dejar Nauvoo fue un acto de fe extraordinario, y los pioneros encontrarían muchas dificultades por delante; pero tenían fe en sus líderes, y fe en el Señor y en Su bondad. Fe en que, una vez mas, El guiaría a Su pueblo hacia la tierra prometida; fe en que ellos no desfallecerían. Entonces se dirigieron hacia lo inhóspito; su viaje se distinguió por la fe en cada paso.

Narrador:
Presidente Thomas S.Monson
Primer Consejero de la Primera Presidencia

La vía hacia el oeste fue lenta; muchos no estaban bien preparados para la cruel jornada, y las temperaturas heladas, la lluvia incesante y el lodo hasta las rodillas desafiaron hasta al emigrante mas fuerte; se esforzaron por 131 días tan sólo para cruzar el estado de Iowa.

Tal como el ejercito de Israel de antaño, ellos tenían su nube de día y su columna de fuego por la noche. Como consecuencia de las dificultades de Iowa surgió el himno que se canta de generación en generación: “Santos, venid, sin miedo, sin temor, mas con gozo andad”

Al detenerse en Garden Grove y en Mount Pisgah (región fértil y monte, respectivamente), con el fin de establecer poblados temporarios para aquellos que les seguirían, estos fieles pioneros continuaron avanzando hacia las orillas del río Misuri y se detuvieron temporariamente durante el invierno.

Aquí, en Winter Quarters (poblado), Sión estaba literalmente en el desierto. El presidente Brigham Young organizo a la gente y reunió sus pocos recursos; aun así, a pesar de lo que pudieron hacer, los campamentos se llenaron de enfermedad y de muerte.

Este monumento esta ubicado sobre las tumbas de un niño desconocido y de otros siete pioneros. Mi corazón se enternece profundamente al darme cuenta del precio tan alto que tuvieron que pagar estos nobles santos, al responder al llamado del Profeta de abandonar sus casas y de viajar hacia el oeste.

Muchos de ellos se esforzaron y perdieron tanto; en verdad, estos pioneros caminaron una vía dolorosa y un sendero de lagrimas. El viaje había culminado para ellos, pero sus nombres permanecen como testamentos de su amor por la verdad y por la fe en el Señor.

Narrador:
Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia

Cuando llego la primavera, en ese abril de 1847, el Quórum de los Doce, bajo la dirección de Brigham Young, eligió con sumo cuidado una compañía de vanguardia y dejo Winter Quarters partiendo con 143 hombres, 3 mujeres y 2 jovencitos; 72 carromatos, 93 caballos, 66 bueyes, 52 mulas, 19 vacas, 17 perros y algunas gallinas.

Entre ese refugio y la promesa de Sión, existía una vasta pradera y la cuenca del fértil río Platte, que fueron su cordón de salvamento mientras se movilizaban hacia el oeste de los Estados Unidos. Al marchar por Nebraska, registraron los kilómetros que recorrieron y viajaron mas allá de Chimney Rock (la Piedra de la Chimenea), una formación solitaria que sobresale en la llanura.

En esta tierra salpicada de las plantas conocidas con el nombre de salvias y de remolinos de polvo, los cansados bueyes se movían pesadamente, crujían las ruedas de los carromatos, los hombres y mujeres valientes avanzaban penosamente y, en ocasiones, aullaban los lobos. Aun hoy se hallan las marcas de su paso por el terreno. Los pioneros dejaron el río North Platte y ahora siguieron el Sweetwater, un arroyo que cruzaron varias veces. Cuando acamparon en el redondeado afloramiento llamado Independence Rock, unos pocos de estos viajeros del siglo diecinueve dejaron sus nombres en las rocas de granito. Pasado Independence Rock, los carromatos bordearon la Puerta del Diablo, un desfiladero profundo de la sierra y lugar que se menciona con frecuencia en sus diarios. El camino pronto se hizo cuesta arriba y se volvió mas rocoso.

Aquí, en Rocky Ridge (una cumbre rocosa) estamos en terreno santo. Este mismo lugar es uno de los puntos mas elevados del camino al oeste. Los pioneros que vinieron sobre esta loma se enfrentaron al desaliento, algunos aun enfrentaron la muerte, mientras penosamente avanzaban cuesta arriba por las afiladas pendientes. Tengo en mi mano un clavo de punta cuadrada y una pieza de metal que se desprendieron de un carromato o de un carro de mano debido al traqueteo. Imagínense enfrentarse a estas cumbres con un carromato; después, imagínense hacerlo tirando de un carro de mano …

Para algunos, la penosa ascensión de Rocky Ridge seria fatal. Las compañías de carros de mano de Martin y de Willie, en 1865, fueron atrapadas en tempranas tormentas cerca de esta cumbre; el rescate vino de Salt Lake, pero demasiado tarde: cerca de doscientas vidas perecieron en la fría y profunda nieve.

Aquí, en este lugar denominado Martin’s Cove, (una especie de bóveda) se refugiaron muchos pioneros durante aquellos momentos conmovedores y de angustia. Un monumento conmemorativo honra a aquellos enterrados aquí por su fe, mientras confrontaban tan enorme adversidad.

En el esfuerzo heroico de los pioneros de los carros de mano aprendemos una gran verdad: todos deben pasar por un fuego purificador; así, lo insignificante y lo que no es importante de nuestra vida se derretirá, como la escoria, haciendo que nuestra fe se mantenga viva, fuerte e intacta. Parece que hubiera mucho dolor, angustia y, a menudo, congoja en todos, inclusive en aquellos que buscan sinceramente hacer lo correcto y ser fieles. Aun así, eso es parte de la purificación que se requiere para llegar a conocer a Dios.

Narrador:
Presidente Monson

Con las montañas del río Wind en el norte, la ruta pionera cruzo South Pass, el único paso mayor que existía entre las cadenas montañosas y la ruta mas directa hacia la Gran Cuenca. Entrando por el noroeste de Utah, se movilizaron lentamente por el cañón Eco, un pasaje angosto flanqueado por los acantilados sobresalientes de color rojo.

Este trecho final probaría la poca fortaleza que les quedaba. Adelante se presentaba una escalada sucesión de cerro tras cerro y de montañas en todas direcciones, y el corazón, lleno de entusiasmo por estar tan cerca del final de la jornada, se desalentaba con frecuencia puesto que la gente sabia que había sólo una dirección que seguir: hacia arriba y adelante.

En esta elevada cima a la que llamaron Big Mountain, los pioneros contemplaron por vez primera su nuevo hogar, un valle montañoso resplandeciente en el lejano horizonte. (Que gozo habrán sentido! Los innumerables sacrificios y esfuerzos a lo largo del camino estaban por terminar; se podía ver el Valle del Lago Salado. Aunque en el futuro quedaba mucho por hacer, habían perseverado. Sus pies estaban cansados y ellos estaban exhaustos debido a la fatiga, pero sus acciones se habían puesto a la altura de su fe.

Big Mountain guarda un lugar especial en mi corazón: un antepasado pionero, Gibson Condie, paso por esta cima para rescatar a los desamparados pioneros de los carros de mano. Cuando el Profeta lo llamó, Gibson Condie viajo hasta este mismo sitio en el riguroso invierno de 1856: la nieve tenia cerca de 5 metros de profundidad en el camino. Cuan agradecido me siento por este antepasado pionero quien, al dejar la comodidad de su hogar y de su familia, arriesgó su propia vida para ayudar a aquellos que necesitaban ayuda desesperadamente.

Narrador:
Presidente Faust

El presidente Young llegó al valle el sábado 24 de julio. Estos pioneros habían venido de tan lejos y dado tanto; el domingo hicieron una pausa para adorar y dar gracias por haber llegado a salvo.

Llegaron “uno de cada ciudad, y dos de cada familia” atravesando un continente, a una nueva vida en el desierto. (Que otra cosa sino una divina Restauración habría logrado tal empresa y requerido tal sacrificio? Habían caminado con fe, sabiendo que Dios vive y El sabia adónde los dirigirían esos pasos.

Ahora, en este hogar en el valle, renovaron sus fuerzas para las tareas futuras: había que construir albergues, cultivar la tierra, plantar sus sembrados y construir el templo.

Narrador:
Presidente Hinckley

Elevándose sobre el Valle del Lago Salado hay un cerro que tiene forma de cúpula; Brigham Young la había visto en una visión antes de que los santos salieran de Nauvoo. Había visto un pendón descendiendo sobre el cerro y escuchado la voz de José Smith que decía: “Edifique debajo de ese punto y prosperara y tendrá paz”.

Apenas llegó al valle, Brigham Young reconoció el cerro de inmediato. En la mañana del 26 de julio de 1847, los hombres que con el tiempo conformarían la nueva Primera Presidencia, junto con varios miembros de los Doce, subieron sus pendientes.

Este pequeño grupo de líderes del sacerdocio contemplo el valle que había abajo: “Aquí es donde nos estableceremos”, dijo el presidente Young “y en donde el Señor pondrá Su nombre entre Su pueblo”.

Mientras ahora estoy de pie en Ensign Peak (la Cima del Pendón) y veo el valle que esta abajo, me maravillo por la previsión de ese pequeño grupo. Estos Profetas, vestidos de antaño, con ropas raídas por el viaje, de pie, con sus botas gastadas después de mas de 1.600 km, hablaban de una visión milenaria: era algo intrépido y audaz; era casi increíble.

Se encontraban aquí, a mas de 1.600 km del poblado mas cercano del Este y a casi 1.300 km de la costa del Pacifico. Se encontraban en un clima que no había sido probado; aquí nunca se había cosechado; no se habían construido edificios de ninguna clase.

Eran exiliados, expulsados de su hermosa ciudad en el Misisipi hasta esta región desértica del oeste; pero poseían una visión extraída de las Escrituras y de las palabras de revelación: “Y levantara pendón a las naciones, y juntara los desterrados de Israel, y reunirá los esparcidos de luda de los cuatro confines de la tierra”.

Este gran movimiento pionero de hace mas de un siglo continua avanzando con los pioneros de hoy en día. Hoy, la sangre pionera fluye en nuestras venas tal como en aquellos que caminaron hacia el oeste. La esencia de nuestra valentía es el enfrentar las montañas modernas y nuestro cometido es el avanzar. La fe de esos primeros pioneros continua ardiendo y las naciones están siendo bendecidas por los pioneros de estos, los últimos días, quienes poseen una clara visión de esta obra del Señor.

Las huellas que dejaron tan profunda impresión en las planicies de los Estados Unidos dejan impresiones similares en los países del mundo … desde Bélgica hasta Brasil y desde Francia hasta las Filipinas. Paso fiel tras paso fiel, caminamos juntos hacia un destino glorioso: edificar el Reino de Dios en la tierra y preparar la mente y el corazón de la gente de todas partes para que vengan a Cristo, el Redentor y el Salvador del mundo.

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