JOSEPH F. SMITH

SIGUIENDO AL PRÍNCIPE DE PAZ                                                Liahona febrero 2000
por Jill Mulvay Derr y Heidi S. Swinton

Joseph F. Smith, sexto Presidente de la Iglesia, nació el 13 de noviembre de 1838 en medio de las persecuciones de Misuri, y falleció el 19 de noviembre de 1918, ocho días después del armisticio que puso fin a la Primera Guerra Mundial. Por estar bien familiarizado con el dolor y el sufrimiento, la violencia y la persecución, tenía el deseo de ser “un pacificador, un predicador de justicia”. Por lo tanto, enseñó las doctrinas de Jesucristo con extraordinaria claridad y se esforzó “por predicar la justicia no sólo por medio de la palabra sino también por el ejemplo”1. Su poderoso testimonio del Redentor era el mensaje central de sus sermones y el núcleo de su diario vivir. Su hijo, Joseph Fielding Smith, décimo Presidente de la Iglesia, recuerda con cariño: “Tenía un espíritu gentil y bondadoso. Entre los del pueblo de Israel [los miembros de la Iglesia] no habría podido encontrarse un alma más comprensiva, que sufriera con el afligido, que estuviera más dispuesta a ayudar al indefenso a llevar su carga y al oprimido a recuperarse de su aflicción. El era un pacificador, un amante de la paz”2.

Joseph F. Smith conocía la paz que reciben “los pacíficos discípulos de Cristo” (Moroni 7:3), y exhortó a los Santos de los Ultimos Días a seguir adelante en verdad y santidad. Abrió el camino con su propia actitud pacífica. “No soy más que un niño, sólo estoy aprendiendo”, dijo en 1916. “Espero sinceramente que, a medida que aprenda poco a poco, línea por línea, precepto por precepto, un poco aquí y un poco allí, día tras día, mes tras mes y año tras año, llegue el momento en que habré aprendido la verdad y la conozca como Dios la conoce, y sea salvo y exaltado en Su presencia”3.

Los hermanos del Sacerdocio de Melquisedec y las hermanas de la Sociedad de Socorro tienen la oportunidad de acompañar al presidente Smith en su jornada durante los años 2000 y 2001. Durante esos años, un compendio de sus enseñanzas será el curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro para los idiomas de la fase 3. Dicho compendio, que se ha extraído de sus discursos y escritos, es el segundo de la serie Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia.

UNA HERENCIA DE OBEDIENCIA Y SACRIFICIO

El deseo que tenía Joseph F. Smith de seguir al Príncipe de Paz nació durante su niñez. Sus padres le enseñaron a seguir el ejemplo que el Salvador dio de obediencia, sacrificio y servicio, aun ante las tribulaciones y las dificultades.

A finales del otoño de 1838, Hyrum y Mary Fielding Smith esperaban el nacimiento de su primer hijo en medio del conflicto que se agudizaba entre los primeros colonizadores de Misuri y un grupo numeroso de Santos de los Ultimos Días recién llegados. Cuando se desató la violencia, el gobernador dio órdenes de que los Santos de los Últimos Días abandonaran el estado o hicieran frente a la “exterminación”. Cientos de miembros de la Iglesia perdieron sus propiedades y otros tantos perdieron la vida. Varios líderes de la Iglesia, entre ellos Hyrum, su hermano el profeta José Smith y Hyrum Smith    otros,    fueron encarcelados injustamente. Años más tarde, el presidente Smith daría comienzo a un bosquejo de su vida con las siguientes palabras: “Nací en Far West, condado de Caldwell, Misuri, trece días después de que la chusma se llevase prisionero a mi padre”4.

Hyrum, José y los demás sufrieron en la cárcel de Liberty durante cuatro largos meses. Mary Fielding Smith, quien acababa de dar a luz a su “querido y pequeño Joseph F.”, luchó por cuidar al recién nacido y a los cinco hijos que Hyrum había tenido con su primera esposa Jerusha Barden Smith, quien había fallecido en 1837.

Mientras Mary se encontraba postrada en cama, unos rufianes atacaron el hogar de los Smith, saquearon las pertenencias de la familia y estuvieron a punto de sofocar al pequeño Joseph F. con ropa de cama que le tiraron encima. Mary y los niños, con la ayuda de la hermana de ésta, Mercy Fielding Thompson, se unieron al éxodo de Misuri impuesto de manera obligatoria sobre los santos. Hyrum se reunió finalmente con su familia el 22 de abril de 1839 en Quincy, Illinois, y en junio se trasladaron por el río Misisipí para establecerse con otros santos en Nauvoo, Illinois.

Años más tarde, el 13 de noviembre de 1874, día en que cumplió 36 años de edad, Joseph F. agregó lo siguiente de manera reflexiva: “El día era frío, gris y deprimente, un aniversario adecuado para el día tenebroso y angustioso de mi nacimiento cuando mi padre [Hyrum] y su hermano [José] fueron encerrados en un calabozo por causa del Evangelio y los santos eran desalojados de sus casas en Misuri por populachos despiadados. La luz radiante de mi alma nunca ha disipado del todo las tenebrosas sombras de la amenazadora oscuridad de aquellos días en los que ocurrieron tantas cosas. No obstante, la misericordiosa mano de Dios y sus benévolas providencias han estado siempre visiblemente extendidas hacia mí, incluso desde mi niñez, y mis días se vuelven mejores por medio de la humildad y la búsqueda de la sabiduría y la felicidad en el reino de Dios. Los objetivos de mi vida se hacen más evidentes a medida que pasa el tiempo y gano experiencia. Dichos objetivos son la proclamación del Evangelio, o sea, el establecimiento del reino de Dios sobre la tierra, la salvación de las almas”5.

Durante cinco años relativamente pacíficos en Nauvoo, Joseph F. observaba a su padre que servía como Patriarca de la Iglesia y presidente auxiliar del profeta José. Fue así que el joven Joseph F. aprendió en cuanto a la misión divina de Jesucristo y el llamamiento profético de su tío, José Smith, al darse cuenta de que José “era un profeta de Dios, de que era inspirado como ningún otro hombre de su generación, ni de siglos antes, pudo ser inspirado, de que había sido escogido por Dios para establecer el fundamento del reino de Dios”6.

José y Hyrum fueron asesinados por un populacho el 27 de junio de 1844- Joseph F. no había cumplido los seis años, pero la imagen del cuerpo inerte de su tío “junto con el de mi padre, después que fueron asesinados en la cárcel de Carthage” permaneció con él durante mucho tiempo7. Aunque nunca olvidó “las atroces escenas que… llenaron diez mil corazones de pesar y de congoja”, Joseph F. llegó a comprender el significado sagrado que el martirio tenía para él, para su familia y para la Iglesia8. En años subsiguientes, testificó con frecuencia que el profeta José Smith había cumplido su destino y sellado su testimonio con su sangre.

El presidente Smith también atesoraba tiernos recuerdos de su madre, de su fe perdurable y su disposición para sacrificarse. Durante el lapso de ocho años que transcurrió entre el martirio de Hyrum en 1844 y la muerte de Mary en 1852, ella dirigió a su familia a través de las llanuras hasta el valle del Gran Lago Salado, estableció un hogar y una granja, y fortaleció la fe de sus hijos. El presidente Smith siempre veneró la buena voluntad que tenía su madre; “trabajaba, se afanaba y se sacrificaba día y noche para lograr las comodidades y las bendiciones temporales que escasamente podía dar a sus hijos”9. En medio de tiempos duros y difíciles, él sintió gran consuelo en la convicción que ella expresaba: “El Señor abrirá el camino”10.

UN MISIONERO PARA EL MUNDO

Siendo un joven misionero, Joseph F. hizo todo lo posible por llevar la obra del Salvador “a los confines más remotos de la tierra”11. Antes de cumplir dieciséis años, aceptó el llamamiento para servir como misionero en las islas Sandwich (Hawai). Su primera asignación, en octubre de 1854, fue en Kula, en donde se dedicó de lleno a aprender el idioma y la cultura hawaiana. Al poco tiempo, este jovencito inexperto descubrió que la gente “tenía hábitos muy diferentes a los que él había estado acostumbrado, y la comida, el modo de vestir, las casas y todo eran nuevos y extraños… Esta separación del mundo continuó durante tres meses, pero la historia de ese breve período de mi vida no se puede contar. Dispuse del tiempo suficiente para llegar a conocer al Señor y acercarme a Él con toda mi alma”12.

En medio de todo eso, descubrió que también se fue acercando cada vez más a la gente hawaiana. Con ahínco buscó el don de lenguas y aprendió el idioma en cien días; enseñó el Evangelio, solucionó disputas, sanó a los enfermos, echó fuera espíritus malignos y trató de recuperar a aquellos que se habían alejado.

En las islas de Maui, Hawai y Molokai, sirvió como élder presidente y aprendió a recibir y a dar amor. En marzo de 1856 anotó en su diario que un hermano de Maui “me dio los zapatos que llevaba en sus pies y se fue descalzo… Para mí eso fue una muestra de su amor hacia mí que no se debe olvidar”13.

En Molokai, recibió cuidado maternal de la hermana Ma Mahuhii, quien le atendió durante los tres meses en que se encontró gravemente enfermo. Ella nunca lo olvidó, ni él a ella. “¡Iosepa, Iosepa!”, exclamó ella cuando él fue a Hawai casi cincuenta años más tarde. “¡Mamá, mamá, mi querida anciana mamá!”, exclamó él14.

Aquellas personas que al principio de su misión habían parecido ser tan diferentes a él se habían convertido en su familia.

Durante su primera misión, el presidente Joseph F. Smith se volvió un ávido defensor de la verdad. Durante la segunda, aprendió la importancia de evitar la contención y de ofrecer la paz. En 1896 le describió a su hijo Hyrum un incidente que ocurrió durante su misión a Inglaterra a principios de la década de 1860. “Yo estaba hablando, y dije que ‘la autoridad de los apóstoles de hoy en día era la misma que la que tenían los apóstoles de la época de Cristo, y que la palabra de los apóstoles contemporáneos era tan válida como lo era la palabra de los antiguos apóstoles’. Una de las personas que estaban ahí congregadas exclamó: ‘¡Blasfemia!’. Esto fue el colmo que mi joven temperamento no pudo soportar”.

El ardiente joven misionero discutió lleno de brío con su oponente e “incitó a los emisarios de su Majestad Satánica hasta que estaban a punto de reventar de ira”. El presidente Smith dijo haber aprendido “una buena lección” de aquel arranque emocional. “Después de aquella ocasión moderaba mi fervor: tuve más diplomacia ante la presencia de un grupo mixto, y evitaba manifestar ninguna clase de mal genio cuando era objeto de algún abuso verbal. Por cierto, aprendí a ser objeto de abuso verbal sin reciprocar la acción, a recibir un insulto sin responder, excepto con mansedumbre y con la dignidad de un caballero”. Lo resumió de esta manera: “Siempre intenté que las personas que me escuchaban sintieran que mis compañeros y yo éramos pacificadores, amadores de la paz y la buena voluntad, que nuestra misión era la de allanar el camino y no de destruir, de edificar y no de echar abajo”15.

UN ESPOSO Y PADRE AMOROSO

El presidente Smith comprendía que el hombre o la mujer que estableciera la paz no sólo debía predicar los principios de rectitud, sino vivir de acuerdo con ellos. Para él, “en el hogar divinamente ordenado se establece el cimiento mismo del Reino de Dios, de la rectitud, el progreso, el desarrollo, la vida eterna y el progreso eterno en el Reino de Dios”16. Su hijo Joseph Fielding Smith observó con admiración y gratitud que su padre amaba a su familia “con un amor sagrado que raras veces se ve, y jamás igualado. Al igual que Job de antaño, oraba por ellos noche y día, y le pedía al Señor que los conservara puros y sin mancha en el sendero de la rectitud”17.

Las muchas ocasiones “en que la muerte invadía su hogar… y sus pequeños le eran arrebatados, sufría con un corazón quebrantado y se lamentaba, no de la manera que se lamentan los que viven sin esperanza, sino por la pérdida de sus ‘preciosas joyas’ ”18. El 6 de julio de 1879, el presidente Smith escribió en su diario palabras de pesar por la muerte de su hija Rhoda: “La puse en una almohada, la levanté así y la paseé, revivió y estuvo viva cerca de una hora y murió en mis brazos a la 1:40 de la madrugada. Ahora sólo Dios sabe cuánto lloramos su pérdida. Esta es la quinta muerte que ocurre en mi familia. ¡Mis tan amados pequeñitos! ¡Oh, Dios, ayúdanos a soportar esta prueba!”19.

El creía que “la vida sempiterna debería empezar… en el hogar”20. Habló con fervor acerca de salvar a sus propios hijos y aconsejó a los padres que enseñaran el Evangelio a sus hijos. “¡Oh Dios, no permitas que pierda a los míos!” clamó. “No puedo perder a los míos, los que Dios me ha dado y por quienes soy responsable ante el Señor, los cuales dependen de mí para que les dé orientación, instrucción y una influencia correcta”21.

Usaba palabras enérgicas para recalcar la importancia del hogar y la familia en la búsqueda de la paz personal: “En el hogar son muy limitados la devoción religiosa, el amor y el temor de Dios; la mundanería, el egoísmo, la indiferencia y la falta de reverencia en la familia son excesivos; de lo contrario, no existirían tan abundantemente alrededor. De manera que es el hogar lo que debe reformarse”. Tenía confianza en lo que produciría armonía: “Hagan que abunden en su familia el amor y la paz, el Espíritu del Señor, la bondad, la caridad, el sacrificio en bien de los demás. Desechen las palabras ásperas, la envidia, el odio, la maledicencia, el lenguaje obsceno, las insinuaciones y la blasfemia, y dejen que el Espíritu de Dios tome posesión de su corazón. Enseñen a sus hijos estas cosas con espíritu y con fuerza, sostenidos y fortalecidos por la práctica personal”22.

A los que tenían hijos que se habían ido por mal camino les aconsejó: “Habladles con bondad… procurad que sientan lo que vosotros sentís, que tengan interés en las cosas en que vosotros estáis interesados, que amen el evangelio como vosotros lo amáis, que se amen el uno al otro como vosotros los amáis y que amen a sus padres como éstos aman a sus hijos”23.

Con el fin de solidificar aún más a las familias en contra de las asechanzas del mundo, en 1915 introdujo la noche de hogar semanal. El presidente Smith y sus consejeros hicieron la promesa de que el llevar a cabo la noche de hogar acarrearía paz y grandes bendiciones: “…aumentarán el amor en el hogar y la obediencia a los padres; se desarrollará la fe en el corazón de los niños y jóvenes de Israel, y obtendrán fuerzas para combatir la mala influencia y las tentaciones que los acosan”24.

UN TESTIGO ESPECIAL DE JESUCRISTO

Como apóstol y presidente de la Iglesia, Joseph F. Smith aumentó su capacidad para tener un amor semejante al de Cristo y trató de preparar a los Santos de los Ultimos Días para disfrutar la bendición de una vida pacífica. En 1866, cuando tenía 27 años de edad, fue ordenado apóstol y miembro de la Primera Presidencia. Prestaría servicio en el Quorum de los Doce Apóstoles y en la Primera Presidencia durante más de medio siglo. El 17 de octubre de 1901, una semana después del fallecimiento del presidente Lorenzo Snow, el presidente Smith, de 62 años, fue ordenado y apartado como sexto Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Durante el primer discurso que pronunció como Presidente de la Iglesia, habló lleno de pesar sobre el ridículo y la persecución que habían padecido los Santos de los Últimos Días. “El Señor tiene la intención de cambiar esta condición”, anunció de manera profética, “y darnos a conocer al mundo en nuestro verdadero aspecto, como verdaderos adoradores de Dios” cuya “misión en este mundo es hacer lo bueno, poner la iniquidad bajo nuestros pies, exaltar la rectitud, pureza y santidad en el corazón del pueblo e inculcar en los pensamientos de nuestros hijos, por sobre todas las cosas, el amor de Dios y de su palabra, que será en ellos como fuente de luz, fuerza, fe y poder”25.

Les prometió a los santos que si vivían más cerca del Señor, gozarían un mayor derramamiento del Espíritu. Les suplicó que sintieran “en el corazón y en lo más profundo del alma el deseo de perdonarse unos a otros, y que desde hoy en adelante dejen de abrigar malos sentimientos contra uno de sus semejantes”26. Vivió de acuerdo con ese consejo, negándose a permitir que los constantes ataques en contra de su carácter lo convirtieran en una persona amarga y vengativa. “El espíritu del mundo es despiadado”27, dijo, al aconsejar a los santos que valorasen los frutos del Espíritu Santo: “…amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23).

Periodistas hostiles lo hicieron objeto de artículos denigrantes y caricaturas difamatorias. Su hija Edith Eleanor recordaba lo siguiente: “En la escuela, algunas personas tenían en su poder informes falsos y mentiras acerca de mi padre. Un día regresé de la escuela furiosa y apenas llegó él esa noche le dije: ‘Papá, ¿por qué no tomas alguna medida? Tú no haces nada y estos hombres malos se aprovechan de ti e imprimen todas esas mentiras’ ”. Su padre la miró y sonriendo le dijo: “ ‘Mi amor, no te enojes. Ellos no me hacen daño ni siquiera un poquito, sólo se están perjudicando a sí mismos. ¿No sabes, querida, que cuando alguien dice una mentira se perjudica a sí mismo más que nadie?’ ”28.

El presidente Smith les confirmó, tanto a sus hijos como a la Iglesia, lo que había aprendido cuando era niño: “Dejen que al maligno se le agoten sus esfuerzos y haga lo peor; al final, el Señor lo invalidará por el bien de Su causa”29.

Al enseñar el Evangelio de paz, él observó: “…Si tenemos en el corazón el firme propósito de servir a Dios y de guardar Sus mandamientos, ¿cuáles serán los frutos que produzcamos? ¿Cuál será el resultado?… Los hombres estarán llenos del espíritu de perdón, de caridad, de misericordia, de amor sincero…. Esperamos con anhelo el momento en que podamos alcanzar esa norma gloriosa y exaltada que el Señor Jesucristo estableció para nosotros con Su ejemplo, Su vida y Su misión”30.

Su íntimo amigo Charles W. Nibley (1849-1931), quien más tarde fue consejero de la Primera Presidencia, dijo acerca del presidente Smith: “Llegó a ser uno de los hombres más tolerantes… aunque censuraba el pecado con tan justa indignación como la que jamás se haya visto en ningún hombre, no obstante, sentía compasión y lástima por el pobre pecador”31. Loleka Koleka, una de sus estimadas colaboradoras hawaianas, lo elogió al describirlo como “el siervo del Altísimo, el hombre de corazón sincero y lleno de amor”32.

Miles lloraron la muerte del presidente Joseph F. Smith acaecida el 19 de noviembre de 1918, incluso muchas personas que en una ocasión habían “expresado resentimiento y enemistad hacia él”33.

“El gran objetivo de nuestra venida a esta tierra es llegar a ser como Cristo”, enseñó el presidente Smith34. “Por lo tanto, busquemos la verdad y andemos en la luz, como Cristo está en la luz, a fin de gozar de confraternidad con El, así como unos con otros, y de que Su sangre nos limpie de todo pecado”35. El presidente Joseph F. Smith, al haber testificado del Salvador a través de toda su vida y al haber alentado a los santos a “[lie gar] a ser conformes a la imagen y semejanza de Jesucristo”36, deja con nosotros su perenne testimonio profético del Príncipe de Paz. □

NOTAS

1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph E Smith (curso de estudio del Sacerdocio de Melquisedec y de la Sociedad de Socorro, 1998), XXIV.
2. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 428.
3. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, XXIV y XXV.
4. Diario de Joseph F. Smith, 13 de noviembre de 1838, heliógrafo; Archivos del Departamento Histórico, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.
5. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 157.
6. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 11.
7. Joseph F. Smith, Doctrina del Evangelio, 531.
8. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, XIV.
9. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 36.
10. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, XIV.
11. Life of Joseph F. Smith, compilación de Joseph Fielding Smith, 1938, 181.
12. From Prophet to Son: Advice of Joseph F. Smith to His Missionary Sons, editado por Hyrum M. Smith III y Scott G. Kenney, 1981, VII.
13. Joseph F. Smith Journal, 1® de marzo de 1856.
14- Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 207.
15. Joseph F. Smith a Hyrum M. Smith, 18 de mayo de 1896, en Truth and Courage: The Joseph F. Smith Letters, editado por Joseph Fielding McConkie (sin fecha).
16. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 372.
17. Life of Joseph F. Smith, 449.
18. Life of Joseph F. Smith, 455.
19. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 137.
20. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 261-262.
21. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 261.
22. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 372-373.
23. Doctrina del Evangelio, 310.
24. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 348.
25. Doctrina del Evangelio, 136.
26. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 276.
27. En Conference Report, abril de 1905, 86.
28. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 275.
29. En Conference Report, abril de 1912, 10.
30. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 457-458.
31. “Reminiscences of President Joseph F. Smith,” Improvement Era, enero de 1919, 193.
32. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, XXIII,
33. Life of Joseph F. Smith, 479.
34- Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 162.
35. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 382.
36. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia, 160.

PUNTOS CULMINANTES DE LA VIDA DE JOSEPH F. SMITH

13 de noviembre de 1838: Nace en Far West, Misuri, hijo de Hyrum y de Mary Fielding Smith.
Invierno de 1838-39: Se obliga a su familia a salir de Misuri.
27 de junio de 1844: 5 años de edad. Su padre, Hyrum, y su tío José Smith son martirizados en la cárcel de Carthage, Carthage, Illinois.
Otoño de 1846: 7 años de edad. Cruza el río Misisipí con su madre, de Nauvoo a Iowa.
23 de septiembre de 1848: 9 años de edad. Llega a Salt Lake City, Utah, después de conducir una yunta de bueyes a través de las llanuras.
21 de mayo de 1852: 13 años de edad. Es bautizado en City Creek, Salt Lake City, Utah. (El bautismo a los 8 años de edad no era tan común como lo es en la actualidad).
21 de septiembre de 1852: 13 años de edad. Muere su madre.
1854-57: 15 a 19 años de edad. Sirve una misión en Hawai.
1860-63: 21 a 24 años de edad. Sirve una misión en Gran Bretaña.
1864: 25 a 26 años de edad. Sirve otra misión en Hawai.
1 de julio de 1866: 27 años de edad. Es ordenado apóstol y llamado como consejero del presidente Brigham Young, de la Primera Presidencia
1874-75, 1877: 35-36, 38 años de edad. Sirve como presidente de la Misión Europea.
10 de octubre de 1880: 41 años de edad. Es sostenido como Segundo Consejero del presidente John Taylor, de la Primera Presidencia.
7 de abril de 1889: 50 años de edad. Es sostenido como Segundo Consejero del presidente Wilford Woodruff, de la Primera Presidencia.
13 de septiembre de 1898: 59 años de edad. Es sostenido como Segundo Consejero del presidente Lorenzo Snow, de la Primera Presidencia.
17 de octubre de 1901: 62 años de edad. Es sostenido como sexto Presidente de la Iglesia. El número de miembros de la Iglesia es de 278.645.
1903-1907: Da órdenes de que la Iglesia adquiera lugares históricos: la Cárcel de Carthage en Illinois; una porción del predio del templo en Independence, Misuri; el lugar de nacimiento de José Smith, en Sharon, Vermont; la granja de la familia de Joseph Smith, padre, y la Arboleda Sagrada cerca de Palmyra, Nueva York.
1906: Visita Europa; es el primer Presidente de la Iglesia que lo hace en el desempeño de su cargo.
27 de julio de 1913: Dedica el predio del templo en Cardston, Alberta, Canadá.
27 de abril de 1915: Introduce el programa semanal de la noche de hogar.
1 de junio de 1915: Dedica el predio del templo en Laie, Hawai.
3 de octubre de 1918: 79 años de edad. Recibe la revelación sobre la redención de los muertos, que actualmente es la sección 138 de Doctrina y Convenios.
19 de noviembre de 1918: 80 años de edad. Muere en Salt Lake City, Utah, después de ser Presidente de la Iglesia durante 17 años. El número de miembros de la Iglesia es de 495.962.

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