LAS BENDICIONES DE NUESTRO PADRE CELESTIAL

UN RELATO DEL LIBRO DE MORMÓN

por Vivian Paulsen

Nuestro Padre Celestial nos ha dado más bendiciones de las que nos imaginamos. Cuando nos damos cuenta de Sus bendiciones y pensamos en ellas, comprendemos mejor lo mucho que El nos ama.

Él nos ha dado la oportunidad de tener un cuerpo y de venir a la tierra; nos ha dado pruebas para ayudarnos a progresar espiritualmente, y ha enviado a Su Hijo Jesucristo para expiar nuestros pecados y morir por nosotros. Si somos fieles y guardamos Sus mandamientos, si nos arrepentimos cuando hacemos algo malo, y si nos servimos los unos a los otros y a Él, podremos volver a vivir con Él algún día en el reino celestial.

Nuestro Padre Celestial nos conoce y nos ama a cada uno de nosotros. Él escucha y da respuesta a nuestras oraciones, nos ayuda y nos guía por medio del Espíritu Santo, de profetas, padres, líderes y maestros de la Iglesia.

Lehi, uno de los profetas del Libro de Mormón, conocía el amor de nuestro Padre Celestial. Lehi trató de hablar a la gente de Jerusalén acerca de nuestro Padre Celestial y de lo mucho que Él deseaba que fuesen obedientes y se arrepintieran de sus pecados para que algún día pudieran volver a vivir con Él, pero el pueblo se burló de él y amenazaron matarlo.

El Señor le indicó a Lehi que abandonara a esa gente inicua. Dijo que Él dirigiría a Lehi y a su familia a una tierra prometida, un lugar maravilloso en donde pudieran vivir en paz en tanto que permanecieran fieles. De modo que Lehi llevó a su familia y las cosas que iban a necesitar: comida, semillas, tiendas y herramientas, y se fueron al desierto. Después de que se fueron, el Señor le dijo a Lehi que su familia necesitaría las Escrituras y que sus hijos necesitarían esposas. De modo que los hijos de Lehi volvieron a Jerusalén, de donde regresaron con las planchas de bronce y con Ismael y la familia y las hijas de éste.

El Señor también proporcionó un instrumento llamado Liahona para guiar a Lehi. Cuando su pueblo era obediente, les mostraba a dónde debían dirigirse y les enseñaba más en cuanto a los senderos del Señor; pero cuando eran desobedientes, no funcionaba. El Señor bendijo a Lehi y a Saría, su esposa, con dos hijos más. También enseñó al hijo de Lehi, Nefi, cómo construir un barco, y protegió a Nefi de sus hermanos cuando éstos se rebelaron contra él.

Cuando Lehi y su pueblo navegaban por el mar, el Señor guió a Lehi y lo

ayudó. El Señor bendijo a Lehi porque le amaba. Nuestro Padre Celestial nos ama y nos bendice a nosotros también. Al igual que Lehi, debemos recordar darle las gracias por Sus bendiciones, guardar Sus mandamientos y amarle. □

(Véase 1 Nefi 1-5, 7, 16-18.)

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