LIBRES DE LA OBSCURIDAD

por el presidente José Fielding Smith                                                         Liahona Octubre 1971
Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días

President Joseph Fielding SmithMis queridos hermanos:

Os extendemos la bienvenida, así como a todos aquellos que nos escuchan y nos ven por medio de la radio y la televisión. Os damos la bienvenida a las sesiones de la 141a. Conferencia General Anual de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días.

Hoy día nos reunimos para servir al Señor, para adorarlo en espíritu y en verdad, para ser alimentados con el pan de la vida, y para recibir consejo e instrucción de aquellos a quienes El ha escogido para administrar los asuntos de su Iglesia.

Ruego sinceramente que todos aquellos que están presentes, y todos aquellos cuyas vidas sean afectadas en cualquier modo por los procedimientos de esta conferencia, se pongan en armonía con el Espíritu a fin de que sean edificados en la fe y en el testimonio, así como en el deseo de guardar los mandamientos y hacer aquellas cosas que le agradan al Señor.

Estamos embarcados en la obra del Señor; esta es su Iglesia; El es el autor del Plan de Salvación; es su evangelio el que hemos recibido al abrirse los cielos en esta época; y nuestro deseo y propósito cabal en la vida debe ser el de creer las verdades que El ha revelado y modelar nuestras vidas conforme a ellas. Ninguna persona, ni dentro ni fuera de la Iglesia, debería creer cualquier doctrina, favorecer cualquier práctica, o apoyar cualquier causa que no esté en armonía con la voluntad divina. Nuestro único objetivo, en lo que concierne a las verdades de salvación, es descubrir lo que el Señor ha revelado, y entonces creer y actuar en conformidad. En vista de que el Señor nos ha revelado nuevamente su evangelio eterno en esta época, y ha puesto sus verdades salvadoras a cargo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, deseo volver a declarar para la Iglesia y para el mundo algunos de estos principios eternos que la humanidad debe aceptar si desea salvarse. En esta dispensación, el conocimiento de estas doctrinas sencillas, pero sin embargo profundas, lo hemos obtenido por revelación.

Nosotros sabemos que nuestro Padre Celestial es un Personaje glorificado y exaltado que tiene todo poder, toda fortaleza, todo dominio y que sabe todas las cosas. Testificamos que El, por medio de su Hijo Unigénito, es el Creador de esta tierra y de los otros mundos innumerables, los cuales están poblados por sus hijos espirituales.

Testificamos que El es infinito y eterno, y que formuló las leyes mediante las cuales sus hijos podrían tener el poder de avanzar y progresar para llegar a ser como El.

Sabemos que en Cristo se encuentra la salvación; que fue el Hijo Primogénito del Padre Eterno; que fue escogido y preordenado en los concilios de los cielos para llevar a cabo la expiación infinita y eterna; que nació en el mundo como el Hijo de Dios y que mediante el evangelio ha traído a la luz la vida y la inmortalidad.

Creemos con una seguridad perfecta que Cristo vino a rescatar a los hombres de la muerte temporal y espiritual que vino al mundo como consecuencia de la caída de Adán, y , que tomó sobre sí los pecados de todos los hombres con la condición de que se arrepintiesen.

Testificamos que el evangelio de Jesucristo es el Plan de Salvación; y que mediante el sacrificio expiatorio de nuestro Señor todos los hombres serán resucitados en inmortalidad, para ser juzgados por El de acuerdo con sus hechos en la carne; y que aquellos que creen y obedecen la plenitud de la ley del evangelio serán resucitados también en vida eterna en el reino de nuestro Padre.

Creemos que mediante la gracia somos salvos, después de hacer todo lo que podamos, y que edificando sobre el fundamento de la expiación de Cristo, todos los hombres deben llevar a cabo su salvación con miedo y temblor ante el Señor.

Proclamamos que para obtener la salvación, los hombres deben creer en el Señor Jesucristo, arrepentirse de sus pecados, ser bautizados por inmersión por uno que tenga la autoridad, recibir el don del Espíritu Santo por la imposición de manos, y luego seguir firmemente hacia adelante guardando los mandamientos y perseverando hasta el fin.

Anunciamos que este Plan de Salvación, este plan del evangelio, ha sido revelado a los hombres en dispensaciones sucesivas, comenzando con nuestro padre Adán, el primer hombre; que le fue dado a conocer a Enoc y Noé, a Abraham y Moisés; que fue proclamado con toda sencillez a los antiguos habitantes del continente americano; y que es el mismo plan que enseñaron Jesús, Pedro y Pablo, y los antiguos miembros de la Iglesia que vivieron en el meridiano de los tiempos.

Y más aún—y esto es de suma importancia en lo que concierne a todos los hombres vivientes—creemos que después de una larga noche de obscuridad, incredulidad y alejamiento de las verdades de un cristianismo puro y perfecto, el Señor, en su infinita sabiduría, ha restaurado nuevamente en la tierra la plenitud del evangelio eterno.

Sabemos que José Smith es un Profeta; qué el Padre y el Hijo le aparecieron en la primavera de 1820 para introducir esta última dispensación del evangelio; que por medio del don y el poder de Dios tradujo el Libro de Mormón; que recibió las llaves y autoridad de los ángeles enviados para este mismo propósito, y que el Señor les reveló la doctrina de salvación.

Anunciamos que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días es el reino de Dios en la tierra, el único lugar a donde los hombres pueden acudir para aprender las doctrinas verdaderas de salvación y encontrar la autoridad del Santo Sacerdocio.

Creemos que el Espíritu Santo es un revelador y que testificará a todas las personas sinceras de todo el mundo que Jesucristo es el Hijo de Dios, que José Smith es un Profeta y que esta Iglesia es Ha única iglesia verdadera y viviente sobre toda la faz de la tierra” (Doc. y Con. 1:30).

No es necesario que nadie permanezca en la obscuridad; la luz del evangelio eterno está aquí, y toda persona sincera en la tierra puede obtener un testimonio personal del Espíritu Santo sobre la verdad y naturaleza divina de la obra del Señor.

Pedro dijo: “. . . Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10: 34-35), lo cual significa que el Señor derramará su Espíritu sobre los fieles a fin de que puedan saber por sí mismos las verdades de esta religión.

Ahora, como uno de vosotros que ha llegado a saber, por medio del poder del Espíritu Santo, que el Señor ha restaurado su evangelio y establecido su reino nuevamente en la tierra por última vez, testifico de la veracidad de estas cosas.

Sé que Dios vive; sé que Jesucristo es el Unigénito del Padre; y sé que José Smith y sus sucesores han sido instrumentos en las manos del Señor para poner las bendiciones de los cielos a disposición de los hombres en la tierra en esta época.

Ruego que los propósitos del Señor en la tierra, tanto dentro como fuera de la Iglesia, puedan llevarse a cabo rápidamente; que bendiga a sus fieles santos, y que los hombres que buscan la verdad y cuyos corazones están en armonía con el Señor puedan llegar a ser herederos de la plenitud dé las bendiciones del evangelio restaurado.

Esto lo digo en el nombre del Señor Jesucristo. Amén.

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