NO COMETERAS ADULTERIO

Presidente Milton R. Hunter                                                                     Liahona Diciembre 1971
del Primer Consejo de los Setenta

Elder Milton R. HunterLos hombres y las mujeres no pueden abandonar la norma cristiana de la castidad y cosechar una plenitud de gozo

 Todavía podemos escuchar la voz de Jehová que resonaba desde el Monte Sinaí, mandando: “No cometerás adulterio” (Exodo 20:14). Por más de tres mil años este mandamiento ha resonado a través del mundo hebreo y cristiano; ha sido la guía mediante la cual millones de personas han modelado sus vidas.

Muchas personas en el mundo y, hablando en general, por todo el mundo han abandonado la antigua norma moral de castidad hebreo-cristiana. Frecuentemente, las personas casadas cometen adulterio, y las solteras satisfacen sus pasiones en actos de fornicación. El resultado de ello es la desdicha, la perdida del amor, el quebrantamiento de hogares y la destrucción de la vida familiar, un aumento en el número de divorcios, la vergüenza, la pérdida de la salvación eterna.

Citemos únicamente algunos de los numerosos casos de que me he enterado recientemente. Hace algunos meses, vino a mi oficina una madre de cinco hijos; lloraba amargamente al confiarme que su esposo había pasado la mayor parte del tiempo durante el año anterior con la esposa de otro hombre. Me explicó que en varias ocasiones ella lo había seguido en el auto hasta la residencia de la otra mujer; naturalmente, el esposo pecador se sentía desdichado, la esposa estaba muy afligida y los hijos sentían congoja. . . la maldad nunca fue felicidad” (Alma 41:10).

Hace un año más o ménos, un joven vino a mi oficina llorando desconsoladoramente para decirme: “Hace dos años cometí adulterio. El pecado está causándome tal agonía que ya no puedo soportarlo; si tengo que ser excomulgado, suplico que la Iglesia tome rápidamente las medidas necesarias, Mi sufrimiento no tiene descripción; quiero hacer lo que sea necesario para pagar ese terrible pecado.”

Existen muchos casos más, pero estos dos ejemplos deberían ser suficientes para ilustrar la gravedad del pecado del adulterio.

Estamos viviendo en una sociedad muy tolerante. Habiendo abandonado la antigua moral cristiana, muchas personas afirman aceptar una nueva, la cual, en realidad, es vivir en contra de las leyes de la castidad como fueron anunciadas por Dios. Estamos viviendo en una época en que se está proclamando una revolución sexual; en dondequiera se encuentran tentaciones para el comportamiento ilícito; día tras dia se empeoran en novelas, revistas, películas, la televisión y la propaganda.

Muchos líderes religiosos han dejado de enseñar que el pecado existe. ¿Dónde están los ministros cristianos que emocionan a sus auditorios con sermones sobre la castidad; que proclaman la condenación del adulterio y de todas las formas de actos inmorales? Algunos ministros y maestros religiosos se han llegado a convertir a la moderna y tolerante manera de pensar, llegando aun a fomentarla.

El 17 de mayo de 1970, ciertos diarios informaron que varios prominentes ministros cristianos habían concluido un estudio de tres años sobre la proposición de un nuevo código sexual para una renombrada iglesia cristiana. A pesar de que esa iglesia está absolutamente en contra del adulterio, en el informe de un comité aparecen las siguientes declaraciones liberales sobre el comportamiento moral:

“Reconocemos que puede haber circunstancias excepcionales donde la actividad extramarital quizás no sea contraria a los intereses de una preocupación verdadera por el bienestar del cónyuge.

“. . . la decisión difícil debe hacerse ‘por y bajo la responsabilidad de la persona que hace la excepción.’ Pero el punto principal es que el juez final no es la Biblia, la iglesia o aun Dios: es el individuo y su conciencia.” (Will Oursier, “Relígious Storm Center: New Sex Code,” Parade, 17 de mayo de 1970, pág. 28.)

La nueva tolerancia, o nueva moral, como a menudo es llamada, no es nada menos que la antigua inmoralidad ataviada con ropa nueva. En tiempos antiguos, la gente adoraba a los dioses y diosas de la fecundidad; muchas de sus ceremonias se centraban en la inmoralidad vergonzosa, la cual combatían continuamente los profetas de Israel.

En los días de Noé, prácticamente toda carne se corrompió con la inmoralidad. El resultado fue que Dios destruyó el mundo con un diluvio.

La Biblia contiene ejemplos excelentes de hombres que de otro modo hubieran sido ilustres, pero el quebrantamiento de la ley de la castidad los arruinó. Por ejemplo, Sansón, un hombre de gran fortaleza física, con una codicia incontrolable por las mujeres, fue traicionado por Dalila y finalmente se suicidó al estar bajo las cadenas del cautiverio de los filisteos. Dios bendijo a Salomón con gran sabiduría; no obstante, corrompió su vida con numerosas concubinas.

David, a quien el Señor amó y quien es considerado por mucha gente como el rey más ilustre de Israel, pasó la última parte de su vida con gran aflicción por su pecado en contra de Lirias y su adulterio con Betsabé. Sus profundos sentimientos fueron expresados en una de las oraciones más lastimosas en las Santas Escrituras:

“Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia …

“Lávame más y más de mi maldad, y limpíame de mi pecado.

“Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí” (Salmos 51: 1-3).

Poseyendo un entendimiento del plan de salvación y un pleno conocimiento de la seriedad del pecado del adulterio y el asesinato que había cometido, el rey David exclamó angustiado al Señor: “… Porque no dejarás mi alma en el Seol” (Salmos 16:10).

Más de dos mil años después de la muerte del rey David, y hace sólo ciento veintisiete años, Jesucristo habló desde los cielos y nos informó que a causa del pecado de David en contra de El, en el caso de Urías y su esposa, David “ha caído de su exaltación” y sus esposas le han sido dadas a otro. (Doc. y Con. 132:39).

Quizás el ejemplo más famoso que se encuentra en la Biblia de un hombre firme y noble que fue tentado pero retuvo su castidad fue José, el joven y apuesto siervo de Potifar, gobernador de Egipto. Resistió las despreciables seducciones de la esposa de Potifar, rehusando cometer adulterio con ella. La respuesta de José fue:. . . ¿Cómo . . . haría este grande mal, y pecaría contra Dios? . . .” (Génesis 39:9, 72). Y luego huyó de su presencia.

Antes de traicionar sus ideales fue encarcelado, y por varios años, confinado a un calabozo.

Dios, el Eterno Padre, a través de Jesucristo, le ha revelado a la humanidad un plan de salvación del evangelio. Su propósito es brindar a todos aquellos que lo acepten y lo obedezcan, paz y felicidad en este mundo y finalmente la vida eterna en la presencia de Dios en la gloria celestial. La más sublime de todas las leyes en este plan del evangelio concierne al matrimonio por esta vida y la eternidad. De esta manera, concierne a la familia eterna. Los gozos más dulces y las bendiciones más grandes que pueden obtenerse en la vida terrenal así como en la vida venidera, se logran mediante la vida familiar de acuerdo con el plan del evangelio.

De este modo, una ley básica en el matrimonio es la ley de la castidad. Los hombres y mujeres no pueden profanar la fuente de vida y cosechar la plenitud de gozo. La felicidad y la pureza de la mente y el corazón van de la mano.

¿Cuáles son algunas de las recompensas de la castidad y algunos de los terribles resultados del adulterio?

El Libro de Mormón es bastante explícito en lo que concierne a la seriedad de la inmoralidad sexual. El hijo de Alma, Coriantón, pecó con la ramera Isabel. Alma, siendo un buen padre y un gran profeta de Dios, le dijo a su hijo:

“¿No sabes tú, hijo mío, que estas cosas son abominables a los ojos del Señor; sí, más abominables que todos los pecados, salvo derramar sangre inocente o negar al Espíritu Santo?

“Hijo mío, quisiera que te arrepintieses y abandonases tus pecados . . . porque a menos que hagas esto, de ningún modo podrás heredar el reino de Dios” (Alma 39:5, 9).

A través de las edades, los profetas de Dios han proclamado que ninguna cosa impura puede heredar el reino de Dios. (Moisés 6:57; Gálatas 5:19-21; 1 Corintios 6:9).

Mientras estuvo en la tierra, Jesucristo enseñó vigorosamente la ley de la castidad, diciendo: “Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio.

“Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón” (Mateo 5:27-28).

Jesús también declaró: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8).

Han transcurrido casi dos mil años desde que Alma y Jesús impartieron sus enseñanzas sobre la castidad. ¿Ha abolido Dios las leyes concernientes a la castidad? ¿No es pecado cometer adulterio en la actualidad?

Jesucristo ha hablado desde los cielos en nuestros días y ha restaurado su evangelio e Iglesia. En diversas revelaciones ha vuelto a confirmar el antiguo mandamiento de “No cometerás adulterio.”

Por ejemplo, por medio del profeta” José Smith le dio este mandamiento a la gente de su Iglesia:

“Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella, y a ninguna otra.

“El que mirare a una mujer para codiciarla negará la fe, y no tendrá el Espíritu; y si no se arrepintiere será expulsado” (Doc. y Con. 42: 22-23).

A José Smith y Sidney Rigdon les fue mostrada la suerte de los adúlteros después de la muerte en el mundo venidero, en la gloria telestial. El Señor les dijo:

“Estos son los mentirosos, los hechiceros, los adúlteros, los fornicarios. . . .

“Y los que son arrojados al infierno y padecen la ira de Dios. . . .” (Doc. y Con. 76:103-106).

En nuestra dispensación, el Señor dio el siguiente mandamiento a los poseedores del sacerdocio:

“… que la virtud engalane tus pensamientos incesantemente; entonces tu confianza se fortalecerá en la presencia de Dios, y la doctrina del sacerdocio destilará sobre tu alma como rocío del cielo.

“El Espíritu Santo será tu compañero constante; tu cetro será un cetro inmutable de justicia y de verdad. . (Doc. y Con. 121:45-46).

Que podamos tener pensamientos limpios y nos refrenemos de todos los actos impuros, viviendo de toda palabra que sale de la boca de Dios. Entonces tendremos gozo en esta vida y nos prepararemos para volver a la presencia del Señor para ser coronados con gloria y vida eterna.

En el nombre de Jesucristo. Amén.

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