NO ESTÁ TODO BIEN

Se ha omitido el nombre del autor                                                               Liahona febrero 2000

 Solía asistir a una escuela en donde era muy difícil ser Santo de los Ultimos Días. Los estudiantes SUD eran una minoría y pocos de los demás estudiantes tenían valores semejantes a los nuestros. Sobre todo, a mí me parecía algo frustrante, ya que mis padres se divorciaron durante mi primer año de enseñanza media.

Mi íamilia estaba dividida; peleábamos todo el tiempo; mis padres nunca hablaban favorablemente el uno del otro, y trataban de convencerme de que no asistiera a la Iglesia. Nuestro hogar estaba lleno de conflictos.

Durante ese tiempo, la vida me parecía bastante confusa. Creo que fue entonces que en verdad descubrí las Escrituras. Mi familia no me daba su apoyo  cuando yo las leía; incluso mi madre solía decirme que era una pérdida de tiempo. Pero en el Libro de Mormón encontré a alguien más que tenía problemas familiares, y el leer en cuanto a sus experiencias me dio fuerzas para hacer frente a los míos.

Lehi, el padre de Nefi, a menudo tenía que dar consejo a los hermanos mayores de éste, Lamán y Lemuel, “por causa de [su] dureza de cerviz… pues he aquí, murmuraban contra su padre en muchas cosas” (1 Nefi 2:11).

 “Y aconteció que Lamán se irritó conmigo y también con mi padre”, escribió Nefi; “y lo mismo hizo Lemuel, porque se dejó llevar por las palabras de Lamán. Por tanto, Lamán y Lemuel nos hablaron muchas palabras ásperas a nosotros, sus hermanos menores, y hasta nos golpearon con una vara” (1 Nefi 3:28).

Yo traté de dar un buen ejemplo a mi familia: iba a la Iglesia, asistía a la Mutual y oraba con regularidad. Incluso invité a mi madre a activarse de nuevo en la Iglesia.

Nefi también trató de dar un buen ejemplo y alentó a sus hermanos a volverse hacia el Señor: “Y yo, Nefi… les hablé… diciendo: He aquí, vosotros sois mis hermanos mayores y ¿cómo es que sois tan duros de corazón, y tan ciegos de entendimiento, que tenéis necesidad de que yo, vuestro hermano menor, tenga que hablaros, sí, y daros el ejemplo?

“¿Cómo es que no habéis escuchado la palabra del Señor?” (1 Nefi 7:8-9).

A veces lloraba a solas; a veces oraba por mi familia; siempre me sentía solo.

Y de nuevo, supe que Nefi había tenido sentimientos similares: “Mas he aquí, Lamán y Lemuel no quisieron escuchar mis palabras; por lo que, afligido por la dureza de sus corazones, rogué al Señor por ellos” (1 Nefi 2:18).

Cuando me sentía triste, sabía que Nefi había tenido tristezas; cuando estaba desanimado, sabía que Nefi también lo había estado; cuando me sentía solo, sabía que Nefi había conocido lo que era la soledad.

No, mi historia no tiene un final agradable y feliz. Quisiera poder decir que todos “vivieron muy felices”, pero eso aún no ocurre. Mi hogar sigue siendo desdichado, pero mi Padre Celestial me ha dado las Escrituras y sé que Él conoce muy bien la clase de vida que llevo en casa. Aunque el conflicto no ha cesado, por lo menos he encontrado consuelo y paz, y maneras de seguir adelante.

Nefi dijo: “…Iré y haré lo que el Señor ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que les ha mandado” (1 Nefi 3:7).

De la misma forma que Nefi supo que el Señor le ayudaría a lograr cualquier cosa que le fuera mandado hacer, yo sé que mi Padre Celestial continuará dándome fuerzas y apoyo a medida que lucho en un hogar terrenal lleno de conflictos. Las Escrituras son la cuerda de salvamento que me llevará a mi hogar celestial. □

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