Poner nuestro corazón a tono con la voz del Espíritu

Linda K. Burton
Presidenta General de la Sociedad de Socorro
Devocional del SEI para Jóvenes Adultos • 2 de marzo de 2014 • Universidad Brigham



LindaK. BurtonEs un privilegio estar con ustedes. Le he pedido al Señor que los bendiga para que oigan algo que aumente su capacidad para reconocer la voz del Espíritu. Quizás ya hayan recibido un mensaje dirigido a ustedes en la bella música que hemos escuchado.

Hace 41 años, con vacilación asistí a un devocional para jóvenes adultos en la Manzana del Templo. La enorme nevada que había caído esa tarde puso a prueba mi fe. Fui por cumplir con mi deber, ya que me habían pedido participar. A lo largo de los años he aprendido que lo que dijo el presidente Eyring es cierto: “Una persona no [puede] darle al Señor una migaja de pan sin que Él le [devuelva]… toda una hogaza”1. Mi esposo es la “hogaza” que recibí por mi “migaja” de participación, ya que fue allí donde lo conocí. Él estaba cantando en el coro, y al final de la reunión se llenó de valor y se me acercó para presentarse. Estoy muy agradecida porque sentí la obligación de asistir aquella noche y porque mi Padre Celestial aceptó mi esfuerzo reacio para estar donde tenía que estar.

Me alegra tener aquí a algunos de nuestros hijos y a nuestra nieta mayor. McKaela toca la viola; empezó a tomar lecciones de violín a los 3 años y ahora, a los 16 años, tiene un talento formidable. Lo puedo decir eso porque soy su abuela, y las abuelas no mienten. Ha sido inspirador observar su progreso paso por paso, aprender a usar su instrumento para bendecir no sólo su propia vida sino la de muchas otras personas. Ha aprendido el arte de afinar dicho instrumento, de practicarlo a diario, y el gozo de tocarlo y armonizarlo con otros instrumentos.

Cuando yo servía en una misión con mi esposo, aprendí a leer los símbolos y repetir los sonidos del alfabeto coreano; aprendí saludos básicos, expresiones y términos del Evangelio, y podía distinguir el idioma coreano de otros idiomas. Además, memoricé algunos himnos y canciones favoritos de la Primaria. Pero mi habilidad para hablar o entender la mayor parte de ese hermoso idioma era muy limitada.

¿Por qué les menciono estos ejemplos que aparentemente no tienen ninguna relación? Porque hoy deseo hablar sobre aprender el idioma del Espíritu, de cómo se dirige a nosotros. Así como aprender a tocar un instrumento o hablar un idioma es un proceso, aprender el idioma del Espíritu es también un proceso. Es algo vital para nosotros, ya sea que nos hayamos bautizado hace poco o que seamos miembros de la Iglesia desde hace tiempo.

El Salvador enseñó a los lamanitas que “fueron bautizados con fuego y con el Espíritu Santo… y no lo supieron”2. Deseo que aumentemos nuestra capacidad para oír y entender los susurros del Espíritu y ejercitemos nuestra fe para actuar según dichos susurros. Para ello, debemos primero aprender a reconocer Su voz.

Tomemos un minuto para evaluar nuestra experiencia. Como tenemos una audiencia numerosa a la que se unen jóvenes adultos de todo el mundo, quisiera invitarles a hacer algo. Sin ser demasiado personales, quisiera que compartieran unos con otros en Twitter las experiencias que hayan tenido sobre las siguientes preguntas? Cuando tengan un momento, “tuiteen” sus respuestas a la “hashtag” #CESDEVO.

Quiero que respondan a la pregunta: ¿Cómo podemos saber si hemos oído la voz del Espíritu?

Tal vez nos hagamos algunas otras preguntas:

  • ¿He tenido sentimientos de amor, gozo, paz, paciencia, mansedumbre, ternura, fe, esperanza y consuelo?
  • ¿Acuden a mi mente ideas, o me vienen sentimientos al corazón que sé que son del Señor y no míos?
  • ¿He oído que mi voz dice la verdad sin haber planeado lo que diría?
  • ¿He sentido que se han magnificado mis propias aptitudes y habilidades?
  • ¿He sentido que he recibido guía y protección ante el engaño?
  • ¿He reconocido el pecado en mi vida y he tenido el deseo de corregirlo?
  • ¿He sentido al Espíritu glorificar y dar testimonio de Dios y de Jesucristo?3

Si respondieron que “sí” a cualquiera de las preguntas, habrán sentido el Espíritu del Señor en algún momento en su vida. Pero esta tarde, la pregunta más importante es: “¿Podéis sentir eso ahora?”4

El profeta Mormón enseñó:

“Pues he aquí, a todo hombre se da el Espíritu de Cristo para que sepa discernir el bien del mal; por tanto, os muestro la manera de juzgar; porque toda cosa que invita a hacer lo bueno, y persuade a creer en Cristo, es enviada por el poder y el don de Cristo, por lo que sabréis, con un conocimiento perfecto, que es de Dios.

“Pero cualquier cosa que persuade a los hombres a hacer lo malo, y a no creer en Cristo, y a negarlo, y a no servir a Dios, entonces sabréis, con un conocimiento perfecto, que es del diablo; porque de este modo obra el diablo, porque él no persuade a ningún hombre a hacer lo bueno, no, ni a uno solo; ni lo hacen sus ángeles; ni los que a él se sujetan”5.

El presidente Hinckley señaló: “En definitiva, esa es la prueba: ¿Persuade a hacer lo bueno, a elevarse, a andar con la cabeza en alto, a hacer lo correcto, a ser amables, a ser generosos? Entonces proviene del Espíritu de Dios”6.

¿Por qué parece ser tan difícil discernir las impresiones del Espíritu? Quizás sea porque el Espíritu se comunica a nuestra mente y a nuestro corazón. Al aprender el idioma del Espíritu, a veces confundimos nuestros pensamientos y nuestras emociones con los susurros del Espíritu. Otra razón es que el discernir el Espíritu es un don del Espíritu. Así como unos aprenden fácilmente un idioma y otros no, así es con la habilidad para entender los susurros del Espíritu. Muchas veces, el aprender un instrumento o idioma requiere mucho esfuerzo. Hay que practicar y a veces uno comete errores. Ocurre lo mismo con el proceso de aprender el idioma del Espíritu.

 ¿Les ayudaría saber que la revelación personal es un proceso de línea sobre línea, precepto tras precepto que incluso los profetas, videntes y reveladores tienen que aprender a entender? El siguiente es un ejemplo de la vida del élder Jeffrey R. Holland.

“Hay momentos en los que la única forma de ir desde la A a la C es por medio de la B.

“Habiéndome criado en el sur de Utah y disfrutar todas las maravillas y bellezas en el sur de Utah y del norte de Arizona, quería que mi hijo las conociera y deseé mostrarle los lugares que yo había visto y disfrutado cuanto tenía su edad. Así que su madre nos preparó un pequeño almuerzo, nos llevamos la camioneta del abuelo y nos dirigimos hacia el sur, a lo que llamamos La vieja franja de Arizona.

Al notar que se ponía el sol, decidimos que sería mejor volver, pero nos encontramos ante una bifurcación particular en el camino, en realidad la única que hasta ese punto era absolutamente irreconocible. Le pedí a mi hijo que orara para saber qué camino tomar y sintió que la impresión le decía que debíamos ir por la derecha y yo sentí lo mismo, y al ir hacia ese lado, encontramos un camino sin salida. Avanzamos 300, 500 metros y no había salida. Claramente, era el camino equivocado.

Dimos la vuelta, regresamos al punto de partida y tomamos el otro camino, y claramente era el camino a la izquierda el correcto.

En cierto punto del recorrido, Matt dijo: “Papá, ¿por qué sentimos, después de orar, que el camino de la derecha era el correcto, el que debíamos tomar, y no lo era?” Le dije: “Creo que el deseo del Señor en ese momento y Su respuesta a nuestra oración fue llevarnos al camino correcto lo más rápido posible, con cierta seguridad, con cierto entendimiento de que estábamos en la ruta correcta y no teníamos que preocuparnos por eso. Y en ese caso, la manera más fácil de hacerlo era dejarnos avanzar 300 o 400 metros en el camino equivocado y rápidamente descubrir y saber, sin duda, que era el camino equivocado y, por lo tanto, con la misma certeza, con igual convicción saber que el otro camino era el correcto.

“Tengo un conocimiento absoluto y certero, un conocimiento perfecto, que Dios nos ama. Él es bueno. Él es nuestro Padre y Él espera que oremos, que confiemos, que seamos creyentes y no nos demos por vencidos, que no nos invada el pánico, y que no retrocedamos ni cedamos cuando algo no parece marchar bien. Sigamos adelante, sigamos trabajando, sigamos creyendo, confiando, siguiendo ese mismo camino, y viviremos para caer en Sus brazos, sentir Su abrazo y oírlo decir: ‘Te dije que estaría bien. Te dije que todo saldría bien”7.

Qué lindo, ¿verdad? Tuve una experiencia similar a la del élder Holland al prepararme para hablar esta noche. Empecé a seguir un camino, estudiando y anotando mis ideas acerca del tema que quería hablar, y después sentí inquietudes. Pensé que debería hablar sobre otra cosa. Entonces recordé una experiencia que tuve hace dos años. Cuando me llamaron a servir como Presidenta General de la Sociedad de Socorro, pasé algunas noches sin dormir. Una de esas noches, acudieron a mi mente muchas ideas que se me quedaron grabadas en el corazón. Tomé nota de ellas y las guardé; no volví a acordarme de ellas hasta hace unas semanas, cuando las inquietudes sobre mi primer tema empezaron a preocuparme. Mi Padre Celestial permitió que siguiera el otro camino por un tiempo, pero me volvió a éste por medio de un tierno sentimiento en el corazón y despertando el recuerdo en mi mente mediante el don del Espíritu Santo.

¿Qué podemos hacer para estar en más armonía con la voz del Espíritu? Podemos comenzar, primero de todo, a reconocer que nuestro Padre Celestial desea comunicarse con nosotros; lo sabemos porque todos los profetas en los últimos días han enseñado la doctrina de la revelación personal. Piensen en las muchas otras bendiciones que el Señor nos ha dado para comunicarnos con Él y recibir Sus palabras: Las Escrituras, bendiciones patriarcales, oración, ordenanzas, líderes y padres inspirados y el don del Espíritu Santo.

¿Por dónde empezamos a fin de acercarnos más a Dios y oír Su voz? Empezamos con lo básico; hacemos las cosas pequeñas y sencillas que demuestran que Él ocupa el primer lugar en nuestra vida y que deseamos recibir revelación de Él. Cuando visité África Occidental aprendí una frase que se aplica al proceso de la revelación personal: “a paso lento, trecho por trecho”. ¿Qué cosas podemos hacer “a paso lento, trecho por trecho?”

Número 1: Orar con sinceridad y humildad.

Mi corazón se ha conmovido al ver a mis propios hijos y nietos ejercitar su fe al suplicar en humilde y sincera oración la ayuda del Señor con sus pequeños problemas. Esto lo manifiesta una tierna experiencia que tuvimos.

Nuestro hijo es el mayor y tiene cinco hermanas pero no tiene hermanos. Antes de que naciera nuestra tercera hija, mi esposo le prometió a él un perro si la criatura resultaba ser otra mujercita. Al nacer la niña, mi esposo cumplió su promesa. El perro se convirtió en el mejor amigo de nuestro hijo. Él quería mucho a su perrito, pero un día se perdió. Buscamos y buscamos, pero fue inútil. Informamos al oficial para el control de animales, pero no nos dio muchas esperanzas, ya que vivíamos muy cerca de la autopista. Pensó que por haber pasado ya algún tiempo, era posible que el perro hubiese corrido hacia la carretera y lo hubieran atropellado.

Hicimos lo que pudimos para consolar a nuestro hijo, pero él estaba desecho. Me acuerdo que lo invité a orar para pedir consuelo al Padre Celestial. El niño me miró a los ojos y dijo: “Mami, he estado orando y orando”.

Pasaron un par de días; entonces, una mañana, alguien tocó a la puerta. Uno de los niños fue a contestar y fue corriendo a avisarme. Me preocupé al ver un auto frente a la casa con el aviso que decía “Control de animales”. El hombre que estaba a la puerta me miró y dijo: “Señora Burton, creo que tengo algo en el auto que le pertenece a su hijo”.

Quedé pasmada. Recuerdo que me preocupé de que hubiera recogido al perro y que estuviera muerto o terriblemente herido. Para mi gran sorpresa, traía a nuestro perro atrás del auto: vivo, sano y listo para saltar a los brazos de nuestro hijo.

Le pregunté dónde lo había encontrado, y él dijo: “Esta mañana ocurrió algo muy curioso. Al salir, encontré enfrente de mi casa un perro que encajaba justamente con la descripción que usted me había dado. El perro respondió cuando lo llamé por nombre, así que pensé traerlo y darle tranquilidad a su hijito antes de que se fuera a la escuela”.

Sé que el Señor contesta las oraciones sinceras y tiernas de los niños; desea que ellos sepan que Él está a su alcance desde temprana edad a fin de que sigan confiando en Él al llegar a la edad adulta. Por tener gran humildad, los niños son merecedores de la promesa que se encuentra en Doctrina y Convenios: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones”8.

Mientras leo las siguientes preguntas que el presidente Spencer W. Kimball hizo a un grupo como ustedes, consideren su propia humildad y la sinceridad de sus oraciones. “¿Quieren una guía? ¿Han orado al Señor pidiendo inspiración? ¿Quieren hacer lo correcto o quieren salirse con la suya, esté o no esté bien? ¿Quieren hacer lo que al final sea mejor para ustedes o lo que les parezca más deseable en el momento? ¿Han orado? ¿Qué tanto han orado? ¿Cómo han orado? ¿Han orado como lo hizo el Salvador… o han pedido lo que quieren sin tener en cuenta si es apropiado o no?”

El presidente Kimball agregó: “¿Dicen en sus oraciones: ‘Que se haga Tu voluntad’? ¿Han dicho: ‘Padre Celestial, si me inspiras y me das un indicio de qué es lo correcto, obedeceré? ¿O en sus oraciones han dicho: ‘Dame lo que quiero, Padre; te amo; creo en Ti; sé que eres Omnisciente; soy una persona honrada y tengo el deseo sincero de hacer lo correcto. Sé que Tú ves el fin desde el principio, que ves el futuro. Tú sabes si en la situación que me encuentro tendré paz o tumulto, felicidad o dolor, éxito o fracaso. Por favor, Padre, dime qué hacer y te prometo hacer lo que Tú digas’. ¿Han orado de esa manera? ¿No creen que sería prudente hacerlo? ¿Tienen suficiente valor como para orar así?” 9.

Una manera de orar con sinceridad es aprender a formular preguntas sinceras y francas, y con humildad llevarlas ante el Señor. Consideren las preguntas que hizo José Smith: “¿Qué se puede hacer? ¿Cuál de todos estos grupos tiene razón; o están todos en error? Si uno de ellos es verdadero, ¿cuál es, y cómo podré saberlo?”10. Sabiamente, acudió a las Escrituras, una fuente de verdad divina, causándole “seria reflexión”, la cual lo llevó a “la determinación de ‘pedir a Dios’”11, creyendo que se contestaría su oración.

Orar con sinceridad significa que pensamos actuar según la respuesta que recibamos. José relató en cuanto a la ferviente oración que hizo en la Arboleda Sagrada. Él dijo: “Había sido mi objeto recurrir al Señor para saber cuál de todas las sectas era la verdadera, a fin de saber a cuál unirme”12. Era obvio que José tenía la intención de actuar de acuerdo con lo que el Señor le revelara. Incluso antes de hacer esa simple pregunta, él recibió mucho más de lo que jamás había esperado. Se le dio el extraordinario privilegio de ver a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo. Me regocijo en esta gloriosa respuesta al deseo simple y sincero que tenía el joven profeta José Smith de recibir conocimiento.

Número 2: Actuar sin demora con respecto a las impresiones espirituales.

Un solemne incidente en la vida del presidente Monson, sirve para ilustrar la vital importancia de responder sin demora a las impresiones del Espíritu.

“[Narrador:] Al madurar en sus responsabilidades, el obispo Monson aprendió la importancia de seguir al Espíritu y confiar en el Señor.

“Una noche, en una reunión del sacerdocio de estaca, tuvo la impresión de que debía salir de la reunión de inmediato y dirigirse al hospital de veteranos de Salt Lake City. Antes de la reunión, lo habían llamado por teléfono diciéndole que un miembro anciano estaba enfermo y que había sido internado en ese hospital. Se le preguntó si podía ir a darle una bendición. El atareado obispo le explicó que se dirigía a una reunión, pero que iría al hospital después de ella. Ahora la impresión era más fuerte que nunca: “Sal de la reunión y ve al hospital de inmediato”.

El obispo Monson miró hacia el púlpito: ¡el presidente de estaca estaba discursando! No veía cómo salir a mitad del discurso y pasar frente a toda una hilera de hermanos; entonces esperó con ansias hasta el final del mensaje y luego se apresuró hacia la puerta antes de que se anunciara la última oración. Corriendo por el cuarto piso del hospital, el joven obispo notó un gran movimiento afuera de la habitación.

Entonces una enfermera le preguntó: “¿Es usted el obispo Monson?”.

“‘Sí’, contestó.

“‘Lo siento, el paciente murió, con su nombre en los labios’.

“Conteniendo las lágrimas, el obispo Monson salió del hospital en la oscura noche y prometió que siempre seguiría las impresiones del Espíritu. Y ha seguido las impresiones del Espíritu de inmediato en todo momento”.

“[Élder Jeffrey R. Holland:] Nadie puede comprender al presidente Monson a menos que entienda la frecuencia de ese tipo de impresiones espirituales en la vida de él y la lealtad absoluta con la que responde a ellas”13.

Número 3: Escudriñar las Escrituras a diario.

El élder Robert D. Hales enseñó: “…si deseamos hablar con Dios, oramos; y si deseamos que Él nos hable, escudriñamos las Escrituras, porque por medio de Sus profetas recibimos Sus palabras”14.

Cuando tenía 20 años de edad, luchaba con una difícil decisión y parecía que no recibía respuesta a mis oraciones fervientes. Una noche, mi padre llegó a casa después de una reunión y vio que la luz de mi cuarto estaba encendida. Se sentó al borde de la cama y preguntó si podría ayudar al percibir mi conflicto. Le hablé desde lo profundo de mi corazón; él sugirió que acudiera a las Escrituras para que me guiaran en mi decisión, mencionando pasajes específicos para meditar y orar en cuanto a ellos. Seguí su consejo inspirado y escudriñé las Escrituras; después de un tiempo y de un esfuerzo constante, fui bendecida con una clara respuesta a mi oración. Al llevar ante el Señor mis mejores ideas y decisión, supliqué una confirmación de esa decisión y sentí paz en mi corazón.

En las Escrituras dice que los hijos rectos de Helamán, Lehi y Nefi, “recibían muchas revelaciones diariamente”15. Si nos deleitamos a diario en las palabras de Cristo y meditamos en ellas, nosotros también recibiremos revelaciones diarias mediante el don del Espíritu Santo, sobre todo si anotamos detenidamente las ideas y sentimientos que recibamos.

Número 4: Vivir la ley del ayuno.

Para aumentar nuestra habilidad de oír la voz del Espíritu, haríamos bien en ayunar durante 24 horas cada domingo de ayuno y dar sin reserva nuestras ofrendas de ayuno para ayudar a los necesitados. El presidente Harold B. Lee aconsejó: “El Señor dijo a Isaías que los que ayunaran de ese modo y partiesen su pan con el hambriento podrían invocar al Señor y Él les contestaría, podrían clamar al Señor y Él les diría: ‘Heme aquí’[Véase Isaías 58:6–9]. Ésa es una manera de establecer una relación en la cual el Señor se comunique con ustedes. Pónganla a prueba este año. Vivan la ley del ayuno con perfección”16.

En el libro de Alma, aprendemos que los hijos de Mosíah “se habían dedicado a mucha oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu de revelación, y cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de Dios”17. Esa frase “se habían dedicado” es para que la meditemos al evaluar nuestros esfuerzos por ofrecer un verdadero ayuno.

Número 5: Ser dignos y adorar en el templo.

Según el presidente George Albert Smith, “Cada uno de nosotros tiene derecho a la inspiración del Señor en proporción a la forma en que llevamos una vida recta”18. Fíjense que no dijo que tenemos que ser perfectos para recibir revelación, pero sí tenemos que poner nuestro mejor esfuerzo para vivir dignamente.

Recordemos el ejemplo negativo del pueblo del rey Limhi en el Libro de Mormón, y aprendamos de él: “…el Señor fue lento en oír su clamor a causa de sus iniquidades”19.

Parece que la dignidad es un precio bajo que hay que pagar para abrir las ventanas de los cielos. Si guardamos nuestros convenios y somos dignos de tomar la Santa Cena, se nos promete que siempre tendremos el Espíritu con nosotros20. ¡Pero eso viene después de que prometemos y honramos el convenio de que siempre recordaremos al Salvador! El ser dignos de entrar en el templo y asistir con la mayor frecuencia posible al templo, nos habilitará para crecer en el Señor y recibir la plenitud del Espíritu Santo21.

Número 6: “No trates con liviandad las cosas sagradas” 22

Reconozcamos que la revelación del Señor es una confianza sagrada. El élder Richard G. Scott enseñó que “la inspiración que se registra con cuidado demuestra a Dios que Sus comunicaciones son sagradas para nosotros… Esos registros… deben protegerse para que no se pierdan y para evitar la intromisión de otras personas”23.

Un segundo testigo de esa enseñanza es la experiencia del presidente Harold B. Lee, que dijo: “A veces me he despertado a medianoche y no he podido volver a conciliar el sueño sino hasta que me he levantado a escribir el problema con el que he estado lidiando. Pero se requiere mucha valentía para actuar cuando se han recibido indicaciones en respuesta a las oraciones” 24.

Número 7: Estar preparados para proceder con fe.

Cuando mi esposo y yo estábamos comprometidos, teníamos largas conversaciones sobre nuestro futuro. ¿Qué hacer con respecto a nuestros estudios? ¿Cuándo tener hijos? ¿Qué profesión proveería para nuestra familia y nos permitiría servir en la Iglesia? Por creer en el consejo del profeta que enseñó que podíamos tener hijos mientras estudiábamos y trabajábamos al mismo tiempo, avanzamos con fe.

No fue fácil. Mi esposo tuvo tres trabajos de tiempo parcial mientras iba a la universidad para permitirme desempeñar mi función de madre y criar a mis hijos. Esa decisión iba en directa oposición a la lógica del mundo, aun en ese entonces. Al mirar atrás, ahora vemos cómo esos pasos de fe resultaron en bendiciones eternas, bendiciones que quizás habríamos perdido si no hubiésemos hecho caso a la voz del Espíritu a través del profeta escogido del Señor.

A modo de ilustración, consideremos la experiencia del élder Robert D. Hales, a quien se le asignó ayudar al presidente Ezra Taft Benson en una conferencia de estaca donde se llamaría un nuevo presidente de estaca. Él relata lo siguiente: “Después de orar, entrevistar, estudiar y volver a orar, el élder Benson me preguntó si ya sabía quién iba a ser el nuevo presidente de estaca. Le dije que aún no había recibido la inspiración; me miró por largo tiempo y me respondió que él tampoco. Sin embargo, ambos recibimos la inspiración de pedirles a tres dignos poseedores del sacerdocio que hablaran en la sesión de la conferencia del sábado por la tarde. Unos momentos después de que comenzó a hablar el tercer orador, el Espíritu me indicó que él debía ser el nuevo presidente de estaca. Miré al presidente Benson y vi lágrimas que rodaban por su rostro. Ambos habíamos recibido la revelación, pero sólo al seguir procurando la voluntad de nuestro Padre Celestial al proceder con fe”25.

Número 8: Dejar que el Señor decida los detalles de lo que elija revelar y cuándo decida revelarlo.

La observación de la autora Corrie Ten Boom parece ser pertinente en este punto: “Toda experiencia que Dios nos da, toda persona que Él pone en nuestro camino, es la preparación perfecta para un futuro que sólo Él puede ver” 26.

Quizás algunos hayan tenido una experiencia similar a la que nuestros seis hijos tuvieron al buscar a sus dignos cónyuges eternos. En retrospectiva, ahora se dan cuenta de que necesitaban ciertas experiencias para reconocer la mano del Señor al dirigirlos a sus cónyuges eternos. Algunas de esas experiencias requirieron años de espera paciente y de proceder con mucha fe. A veces incluso los cielos parecían estar cerrados mientras oraban. Cuando el tiempo del Señor entra en conflicto con nuestros propios deseos, hay que confiar en que quizás haya alguna experiencia preparatoria que el Señor quiere que tengamos antes de contestar nuestras oraciones.

El élder Dallin H. Oaks enseñó:

“…debemos reconocer que el Señor nos hablará por medio del Espíritu en Su propio tiempo y a Su propia manera. Muchas personas no entienden este principio; creen que cuando estén listas y cuando les parezca conveniente, pueden acudir al Señor y que Él les contestará de inmediato, y hasta de la manera precisa que ellas han especificado. La revelación no se recibe de esa manera…

“… no podemos forzar las cosas espirituales” 27.

Hace más o menos quince años, mi madre perdió la vista; por meses luchó con esa difícil prueba. Oró con fervor y encontró consuelo y entendimiento en un poema sencillo que ha llegado a ser uno de sus favoritos. El presidente Monson lo citó hace poco:

No sé por cuáles métodos se logra,
mas la oración Dios siempre contesta, lo sé.
Sé que Él una promesa nos ha dado,
que siempre oye la oración de fe.
Sé que Él la contestará, tarde o temprano.
Así que oro y con calma espero,
aunque no sé si lo que he solicitado
vendrá de la manera que yo quiero.
En Sus manos mi oración he dejado
pues son más sabias Sus sendas que las mías.
Sé que El me concederá lo suplicado,
o me dará algo más hermoso todavía”28.

Al igual que muchos de nosotros, mi madre aún procura poner su confianza en la voluntad y el tiempo del Señor. Al hacerlo, recordemos esta enseñanza del élder Scott: “¿Qué puedes hacer cuando te has preparado cuidadosamente, has orado con fervor y has esperado un tiempo razonable para recibir una respuesta, y sigues sin sentirla? Cuando vives dignamente y lo que has elegido está de acuerdo con las enseñanzas del Salvador y necesitas actuar, sigue adelante con confianza. Si eres receptivo a los susurros del Espíritu, con seguridad, sucederá en el momento apropiado una de dos cosas: o recibirás el estupor de pensamiento que te indicará que lo que has escogido no es correcto, o sentirás paz o que tu pecho arde confirmándote que tu elección ha sido correcta. Cuando tú vives con rectitud y actúas con confianza, Dios no permitirá que sigas adelante por mucho tiempo sin hacerte sentir la impresión de que has tomado una mala decisión”29.

Esa voz de amonestación del Espíritu se recibe por medio de la voz de los siervos escogidos del Señor, lo cual nos lleva al siguiente punto:

Número 9: Prestar atención a las advertencias proféticas.

Tomemos en cuenta algunas advertencias proféticas de nuestros tiempos. Primero, del presidente Boyd K. Packer:

“Ahora una advertencia: Cierto tipo de música es espiritualmente muy destructiva… el ritmo, el sonido y el estilo de vida de los que la interpretan apartan al Espíritu. Es mucho más peligrosa de lo que uno se imagina, porque asfixia los sentimientos espirituales…”.

Otra advertencia:

Puede haber revelaciones falsas, apremios del diablo, tentaciones…

“Si alguna vez reciben la impresión de hacer algo que los haga sentir incómodos, algo que sepan en su interior que es indebido y contrario a los principios de rectitud, ¡no le presten atención!…”

Aquí hay una advertencia más: “Si la persona empieza a criticar y abriga sentimientos negativos, el Espíritu se alejará” 30.

Y nuestro amado Profeta, el presidente Monson, levantó la voz de amonestación cuando dijo: “Estén alerta a cualquier cosa que pudiera robarles las bendiciones de la eternidad”31.

¿Por qué debemos poner nuestro corazón en armonía con la voz del Espíritu?

Acabo de regresar de las Filipinas donde he visto la devastación del súper tifón Haiyán. Oí las experiencias de nuestros hermanos filipinos cuando testificaron que fueron guiados por el Espíritu en el momento preciso para saber qué hacer y adónde ir. Los oí decir que procedieron con fe en momentos en que el sendero no estaba definido. Oí historias de jóvenes misioneros, que siguieron impresiones que los condujeron a encontrar protección en medio de un mundo que se derrumbaba a su alrededor. Estoy agradecida por el “inefable don del Espíritu Santo”32, el cual advierte, dirige, consuela y guía a los que se esfuerzan por vivir dignamente.

De todos los dones que nuestro Padre Celestial podría haber conferido a Sus hijos e hijas al salir de las aguas del bautismo, Él eligió darnos el don del Espíritu Santo.

“El Espíritu Santo trabaja en perfecta unidad con el Padre Celestial y Jesucristo…

“‘da testimonio del Padre y del Hijo’(2 Nefi 31:18) y revela y enseña ‘la verdad de todas las cosas’(Moroni 10:5). Podemos recibir un testimonio seguro del Padre Celestial y de Jesucristo mediante el poder del Espíritu Santo. Su comunicación nos da más certeza que cualquier otra comunicación, mediante nuestros sentidos naturales”33.

Hermanos y hermanas, como bien saben, el edificio grande y espacioso con personas que se burlan y ridiculizan está a todo nuestro alrededor. La voz del mundo es ruidosa, imparable, convincente y constante. Si no aprendemos a poner nuestro corazón en armonía con la voz del Espíritu y mejoramos nuestra habilidad de buscar, recibir y actuar según la revelación personal, estamos en terreno inseguro. Necesitamos que la voz del Espíritu nos aparte de lo que es indecente, insensato, vulgar, violento, egoísta y pecaminoso. Necesitamos que no sólo nos guíe a todo lo que es “virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza” 34, sino que nos ayude a cultivar el deseopor esas cosas para resistir el llamado del mundo.

Una de las mejores bendiciones que podemos recibir al aprender a oír la voz del Espíritu es el poder vernos a nosotros mismos como nos ve nuestro Padre Celestial, y “a paso lento, trecho por trecho”, llegar a ser mejores.

Escuchen estas palabras de un apóstol moderno: “El don del Espíritu Santo… estimula todas las facultades intelectuales, aumenta, ensancha, expande y purifica todas las pasiones y afectos naturales, y las adapta, mediante el don de la sabiduría, para su uso lícito. Inspira, desarrolla, cultiva y madura todas las bien afinadas simpatías, gozos, gustos, sentimientos afines y afectos de nuestra naturaleza. Inspira virtud, amabilidad, bondad, ternura, dulzura y caridad; desarrolla la belleza de la persona, la forma y las características; se ocupa de la salud, el vigor, la animación y el sentir social; vigoriza todas las facultades del hombre físico e intelectual; fortalece y tonifica los nervios; en una palabra, es, por así decirlo, médula a los huesos, alegría al corazón, luz a los ojos, música a los oídos, y vida al ser entero”35.

El Espíritu Santo puede hacer por nosotros física, espiritual, emocional, mental e intelectualmente lo que ningún remedio hecho por el hombre pueda llegar a duplicar.

¿Reconocen que el vivir dignos de tales bendiciones vale cualquier precio, incluso a costa de gran sacrificio? Es la “hogaza” que recibimos por nuestra incomparable “migaja” de esfuerzo. Invito a todos para que empecemos esta noche a poner nuestro corazón en armonía con la voz del Santo Espíritu.

No es coincidencia que el Señor haya levantado al presidente Monson como Su profeta viviente para guiarnos en estos últimos días. Él es uno que ha aprendido bien a oír y responder a las impresiones del Espíritu. Haríamos bien en seguir su ejemplo.

Testifico que él es el portavoz del Señor en nuestros días, que nuestro Padre Celestial quiere que volvamos a Su presencia y ha proporcionado el medio para que lo hagamos al dar a Su Hijo Unigénito y el don del Espíritu Santo. Testifico que vale la pena cualquier esfuerzo de nuestra parte el obtener y retener ese inefable don, en el nombre de Jesucristo. Amén.


Notas

  1. Melvin J. Ballard, en Henry B. Eyring, “Oportunidades para hacer el bien”, Liahona, mayo de 2011, pág. 25.
  2. 3 Nefi 9:20.
  3. Véase Predicad Mi Evangelio, 2004, págs. 91–106.
  4. Alma 5:26.
  5. Moroni 7:16–17.
  6. Teachings of Gordon B. Hinckley (1997), pág. 261.
  7. Jeffrey R. Holland, “Wrong Roads,” Mormon Messages video; lds.org/media-library/video.
  8. Doctrina y Convenios 112:10; cursiva agregada.
  9. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, 2006, pág. 271.
  10. José Smith—Historia 1:10.
  11. José Smith—Historia 1:8, 13.
  12. José Smith—Historia 1:18.
  13. De On the Lord’s Errand: The Life of Thomas S. Monson; lds.org/media-library/video.
  14. Robert D. Hales, “Las Santas Escrituras: El poder de Dios para nuestra salvación”, Liahona, noviembre de 2006, pág. 27.
  15. Helamán 11:23.
  16. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee (2000), pág. 60.
  17. Alma 17:3; cursiva agregada.
  18. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2010, pág. 121.
  19. Mosíah 21:15.
  20. Véase Moroni 4:3.
  21. Doctrina y Convenios 109:15; cursiva agregada.
  22. Doctrina y Convenios 6:12.
  23. Richard G. Scott, “Cómo obtener revelación e inspiración en tu propia vida”, Liahona, mayo de 2012, pág. 46.
  24. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 60.
  25. Robert D. Hales, “Revelación personal: Las enseñanzas y el ejemplo de los profetas”,Liahona,, noviembre de 2007, pág. 88.
  26. Corrie ten Boom, with Elizabeth and John Sherrill, The Hiding Place, 35th anniversay ed. (2006), pág 12.
  27. Dallin H. Oaks, “En Su propio tiempo y a Su propia manera”, Liahona, agosto de 2013, págs. 24–26.
  28. Véase en Eliza M. Hickok, “Orad siempre”, Liahona, junio de 1990, pág. 6.
  29. Richard G. Scott, “Utilizar el don supremo de la oración”,Liahona, mayo de 2007, pág.10.
  30. Boyd K. Packer, “Revelación persona: El don, la prueba y la promesa”, Liahona, enero de 1997, págs. 12–14.
  31. Thomas S. Monson, “Tengan valor”,Liahona,, mayo de 2009, pág. 125.
  32. Doctrina y Convenios 121:26.
  33. Temas del Evangelio, “Espíritu Santo”, LDS.org.
  34. Artículos de Fe 1:13.
  35. Parley P. Pratt, Key to the Science of Theology, 9th ed., 1965, pág. 101.
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