Por sus frutos los conoceréis

por el élder Gary Williams                                                                         Liahona Diciembre 1971
Misión de Chile.

Cuando la región Central de Chile fue azotada por una severa y repentina tormenta de lluvia y nieve el 21 de junio de 1971, causando varias muertes y una extensa destrucción entre los barrios pobres, las escuelas chilenas de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días respondieron rápidamente al llamado de ayuda urgente.

A las ocho de esa misma noche, los directores de estas escuelas se encontraban haciendo planes sobre cómo llevar a cabo la inmensa tarea que tenían por delante. Por medio de la radio y la televisión se les avisó a los alumnos Santos de los Ultimos Días que a la mañana siguiente se reunieran en la escuela Providencia.

Equipados con cuestionarios y lápices, y llevando en el brazo unas bandas verdes con la identificación SUD (Santos de los Ultimos Días), la mitad de los cuarenta estudiantes y veinte maestros que respondieron al llamado fueron de puerta en puerta a las vecindades desafortunadas que les fueron asignadas por el Ministro de Educación del gobierno chileno, interrogando en cuanto a las necesidades de la gente. Mientras tanto, la otra mitad juntaba comida, fruta, ropa, medicinas, dinero, cobijas, colchones y otros artículos diversos en los barrios acomodados de Santiago. Más tarde, esa noche, los dos grupos se reunieron y coordinaron sus esfuerzos. En la escuela, y bajo la dirección del hermano Víctor Galloso, se dividieron los materiales entre las doscientas ochenta familias destituidas de acuerdo con sus necesidades, y al día siguiente fueron entregados.

Pero su responsabilidad hacia la gente de esas vecindades abarcó mucho más que eso; el 24 de junio, los maestros y estudiantes del cuerpo voluntario emprendieron la parte más difícil de la tarea. Utilizando madera donada por las escuelas de la Iglesia y recibida del gobierno chileno, empezaron la reconstrucción de casas destruidas. A algunas les faltaba únicamente el techo o una de las paredes, mientras que otras habían sido destruidas totalmente. Se edificaron viviendas temporales para darles a los destituidos un lugar adonde ir; hasta ese entonces habían estado viviendo en escuelas cercanas donde se habían suspendido las clases a causa de la tormenta, y con la ayuda de los obreros del gobierno, construyeron muchas casas.

Pero los maestros de las escuelas de la Iglesia no terminaron ahí. Voluntariamente, los setenta empleados de las escuelas ofrecieron un día completo de salario para utilizarlo en operaciones de ayuda.

Verdaderamente, los miembros chilenos probaron que “por sus frutos los conoceréis.”

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