VOCES PASADAS, PRESENTES Y FUTURAS

por el presidente Spencer W. Kimball                                                         Liahona Octubre 1971
Presidente en Funciones del Consejo de los Doce

Mis queridos hermanos y amigos, estoy completamente de acuerdo con todo lo que el presidente Smith acaba de decir, y os testifico que él es el Profeta de Dios sobre la tierra hoy día.

La historia se vuelve a repetir, y únicamente necesitamos volver a lo pasado para aprender las soluciones para lo presente y lo futuro. Los corintios parecieron estar perturbados por los mismos mensajes angustiosos que oímos en nuestros días. Pablo les dijo: “Y si la trompeta diere sonido incierto, ¿quién se preparará para la batalla?

“… Porque hablaréis al aire. “Tantas clases de idiomas hay, . . . en el mundo, y ninguno de ellos carece de significado” (1 Corintios 74:8-70).

El idioma de Pablo fue impresionante, poderoso y fuerte, nunca acallado en todos los siglos intermedios.

Hay voces a todo nuestro alrededor; algunas son desagradables otras dulces y penetrantes.

Las revelaciones de Pablo incluyeron visiones de estos últimos días; su voz nos dice:

“. . . en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

“por la hipocresía de mentirosos que, teniendo cauterizada la conciencia,

“prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos . . .” (1 Timoteo 4:7-3)

¡Voces otra vez! Voces ásperas proclamando “doctrinas de demonios,” diciendo que no hay pecado; que no hay demonio, que no hay Dios; diciendo “come, bebe, regocíjate”, como los antediluvianos que nunca creyeron que llegaría realmente el diluvio.

Muchos idiomas de espíritus seductores favorecen los placeres carnales y las satisfacciones físicas desenfrenadas. Nuestro mundo se encuentra actualmente en una situación muy similar a la que existía en los días del Profeta nefita, que dijo: “. . . si no fuera por las oraciones de los justos . . . ahora mismo os sobrevendría una destrucción completa …” (Alma 10: 22). Naturalmente, hay muchas personas rectas y fieles que viven todos los mandamientos y cuyas vidas y oraciones preservan al mundo de la destrucción.

Estamos viviendo en los últimos días, y son días peligrosos y atemorizantes. Las sombras se están volviendo mas obscuras, y la noche se desliza para envolvernos.

El idioma claro de Pablo: “… en los postreros días vendrán tiempos peligrosos.

“Porque habrá hombres amadores de sí mismos, blasfemos, desobedientes a los padres . . . impíos,

“sin afecto natural . . . intemperantes . . .

“. . . amadores de los deleites más que de Dios” (2 Timoteo 3:7-4).

Un prominente periodista escribió tocante a nuestra época: “Una cosa es segura; no se nos concederán siglos para una decadencia deliberada y cómoda. Ahora tenemos un enemigo: despiadado, cruel, inhumano y arrogante . . . que cree que estamos en un estado avanzado de decaimiento moral . . . madurando para el golpe final” (Jenkin Lloyd Jones, Human Events, 24 de noviembre de 1961).

Recientemente, en una encuesta callejera, la gente respondió a la pregunta: “¿Ha pasado de moda la castidad?” Las respuestas: “Los principios morales han cambiado; la virginidad está pasando de moda,” “Las vírgenes son: verdaderamente horripilantes.” “En estos días hay muy poca gente que sea virtuosa.” Una jovencita dijo, “La castidad ha pasado de moda porque en estos días de progreso la gente es más libre.”

Sí, libres para cometer pecados; libres para violar las leyes; libres para contraer enfermedades venéreas; libres para acortar la vida; libres para negar a Dios; libres para deshacerse de todas las verdaderas libertades.

Los hombres y las mujeres son “amadores de sí mismos.” Se jactan de sus logros; maldicen y blasfeman. Otro pecado es la desobediencia de los hijos a los padres, y la desobediencia de éstos hacia la ley. Muchos carecen del afecto natural, el cual parece estar corroyendo la vida familiar a medida que tratan de satisfacer sus propios deseos egoístas.

Se dice que hay millones de pervertidos que han abandonado su afecto natural y han pasado por alto el cortejo y las relaciones normales del matrimonio. Tal práctica se está extendiendo como fuego sobre una pradera, y cambiando nuestro mundo. No tienen “afecto natural” para Dios, para sus esposas, ni siquiera para sus hijos.

Pablo habla de la continencia, una palabra que en nuestro mundo ha quedado casi en el olvido; pero en el diccionario todavía significa dominio de sí mismo, especialmente en las actividades sexuales. Muchas buenas personas, sintiendo la influencia del desvergonzado espíritu de estos tiempos, están procurando conseguir cirugía para uno de los cónyuges, a fin de poder evitar embarazos y obedecer a la voz estridente que demanda una disminución en el número de hijos. Nunca ha sido cosa fácil dar a luz y criar hijos, pero las cosas fáciles no proporcionan progreso y desarrollo. No obstante, las voces fuertes y ruidosas gritan en la actualidad “menos hijos” y ofrecen la píldora, las drogas, la cirugía y hasta el terrible aborto para lograr esos propósitos. ¡Es raro que los proponentes de la despoblación del mundo nunca hayan pensado en la continencia!

Las bibliotecas están repletas de libros que contienen ilustraciones espantosas que demuestran a la gente cómo satisfacer totalmente sus inclinaciones animales, pero existen muy pocos libros tocante a la continencia. Con la teoría de que “la vida es para el sexo,” toda imaginación de las mentes de los hombres idean maneras para obtener más completamente lo que ellos llaman “realización sexual,” la cual exigen a expensas de todo lo demás: la familia, el hogar y la vida eterna. De la prensa, la plataforma de disertaciones y el púlpito deben alzarse voces profundas y estridentes que exhorten al hombre a elevarse sobre lo carnal y poner su mente en las cosas puras y sagradas.

Estando durante varios años en el campo de la misión, Pablo predicó y practicó la continencia y el autodominio. ¿No fue eso lo que quiso decir cuando dijo:

“Quisiera más bien que todos los hombres fuesen como yo . . .

“. . . bueno les fuera quedarse como yo” (1 Corintios 7:7-8).

“Sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre . . .”

(1 Corintios 9:27).

Pablo habla de los “amadores de los deleites más que de Dios.” ¿No describe esto la inexcusable tolerancia sexual de nuestros días?

Pablo habla de aquellos “que se meten en las casas y llevan cautivas a las mujercillas cargadas de pecados, arrastradas por diversas concupiscencias” (2 Timoteo 3:6).

Actualmente la inmoralidad parece recibir la señal de aprobación de la otrora gente honrada. El libertinaje nunca dio lugar a nada bueno, y Pablo dijo: “Pero la que se entrega a los placeres, viviendo está muerta” (1 Timoteo 5:6). Pero ahora se escucha una voz celestial: “No cometerás adulterio; el que cometiere adulterio, y no se arrepintiere, será expulsado” (Doc. y Con, 42:42).

Muchas voces, estridentes y violentas, provienen de educadores, hombres de negocios y profesionales, sociólogos, sicólogos, escritores, estrellas cinematográficas, legisladores, jueces y otros, incluso algunos del clero, quienes, a causa de que han aprendido un poco sobre algo, creen saber todo de todo.

El padre de las mentiras es el que incita este egoísmo y orgullo. Escuchad la voz de un Profeta nefita que describe la aceptación del “sutil plan del maligno”:

“. . . bueno es ser sabio, si obedecen los consejos de Dios” (2 Nefi 9:29).

“. . . cuando son instruidos se creen sabios . . . suponiendo saber de sí mismos; por tanto, su sabiduría es locura… Y ellos perecerán” (2 Nefi 9:28).

La voz de Pedro era firme cuando a los perversos les llamó animales irracionales que perecerían en su propia perdición; les llamó “inmundicias y manchas, quienes . . . se recrean en sus errores”, “tienen los ojos llenos de adulterio”; “seducen a las almas inconstantes.” Habla de sus “concupiscencias de la carne y disoluciones”; y a aquellos que vuelven a caer en el pecado después de haber sido limpios, los compara al perro que regresa a su propio vómito y a la puerca que después de haber sido lavada vuelve a revolcarse en el cieno. (Véase 2 Pedro 2:13-22.)

Para apoyar a Pedro viene la voz de Pablo dirigida a Tito:

“Todas las cosas son puras para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada les es puro; pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas.

“Profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:15-16).

Se ha dicho mucho acerca de la frustración de la juventud. Mientras que difícilmente podemos justificar sus extravagancias, desobediencia y su pérdida aparente de fe, quizás parte de la culpa por esas frustraciones puede depositarse a los pies de esos padres que les dieron un ejemplo de desobediencia tanto a las leyes gubernamentales como a las de Dios.

Por cierto, parte de la culpa puede adjudicársele a las voces que provienen de las plataformas, las salas editoriales o de radiodifusión, y aun a las del púlpito.

Tales voces tendrán que rendir cuentas por perpetuar la falsedad así como por su fracaso al no prestar verdadera dirección para combatir lo malo. “. . . así como al pueblo, también al sacerdote . . .” (Isaías 24:2). El término “sacerdote” se usa aquí para denotar todos los líderes religiosos de cualquier fe. Isaías dijo: “Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno” (Isaías 24:5). De entre esas voces incompatibles, nos asombra encontrar la de muchos sacerdotes que alientan la corrupción de los hombres, aceptando las inclinaciones erosivas, y que niegan la omniscencia de Dios. Ciertamente estos hombres debían permanecer firmes; no obstante, algunos ceden al clamor popular.

A continuación cito unas referencias de los diarios:

“Muchos sacerdotes están indecisos en dar un sí o un no definitivo tocante a la mariguana.” “Depende de las circunstancias.” (Time, 16 de agosto de 1968). Han inventado “situaciones de ética,” que parecen cubrir todos los pecados.

Otros líderes religiosos dicen: “Las reglas de la conducta cristiana no necesariamente se aplican a los problemas sexuales.” (London—British Council of Churches.)

En contraste, escuchad la voz firme de un Profeta. Pedro profetiza: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató . . .

“Y muchos seguirán sus disoluciones . . .” (2 Pedro 2:1-2).

Apenas este mes la prensa citó las palabras del dirigente jubilado de una iglesia numerosa, en donde proponía “la restauración de los antiguos esponsales, lo cual les permitiría a las parejas solteras dormir juntos con la bendición de la Iglesia,” y “en el sentido moral, no sería considerado como fornicación.”

Y ahora, la voz de un comentador: “Recientemente, la industria cinematográfica anunció solemnemente que de ahora en adelante la perversión y la homosexualidad ya no sería expulsada de la pantalla . . . Estamos ahogando a nuestros jóvenes en la violencia, el cinismo y el sadismo que es introducido a nuestras salas a través de la pantalla . . .” (J. L. Jones).

Citando de publicaciones recientes: “La conferencia de la iglesia __aprobó hoy la recomendación de que la homosexualidad entre dos adultos acordes, no debería considerarse más una ofensa criminal . . .”

La voz de una revista muy conocida: “. . . un grupo de ministros __en San Francisco, piensan que las iglesias deben abandonar su severidad en contra de los homosexuales . . .”

Se informó que varios grupos de ministros y sus esposas asistieron a una fiesta patrocinada por homosexuales de ambos sexos con el propósito de recaudar fondos para el programa de perversión. La revista citó; “. . . que todas las escuelas de la región Bay tendrían que dejar de funcionar inmediatamente si todos los homosexuales que trabajan actualmente en los sistemas escolares quedaran el descubierto, y, cumpliendo con la ley estatal, fuesen destituidos.” (Newsweek, 13 de febrero de 1967).

Se dice que el ministro en cuestión dijo: “. . . dos personas del mismo sexo pueden expresar amor y profundizar ese amor por medio de las relaciones sexuales.” (Ibid.)

Esas son voces repugnantes, ruidosas y rugientes.

¿Por qué hablamos en esta forma? ¿Por qué exhortamos al arrepentimiento cuando hay tantos temas agradables? Es porque alguien debe amonestar al mundo de su perdición si la vida no cambia su curso.

Algunas voces tienen que oponerse a ellas; las nuestras no deben permanecer en silencio.

Para el gran Moisés, estas perversiones eran una abominación y profanación, que merecían la muerte. Para Pablo, eran una pasión artificial, indigna de un hombre, impía, y deshonrosa, de una naturaleza adúltera y que les cerraría todas las puertas del reino.

Cuando los padres son promiscuos en su comportamiento sexual, y cuando los autores, escritores, líderes religiosos y otras personas permiten tal transgresión, ¿cómo podemos salvar de las tinieblas a los jóvenes frustrados y confusos que buscan un ejemplo, un ancla y algo recto en que creer, un refugio seguro?

“El grupo que tolera la anarquía sexual está poniendo en peligro su propia superviviencia,” dice el sociólogo Sorokin.

Una voz prominente exclama que hay muchos edificios con campanarios en los cuales por mucho tiempo no se ha mencionado la palabra pecado, y que una prédica en su contra es difícil de recordar.

“. . . El hombre es una unidad biológica,” dijo el presidente J. Reuben Clark, hijo; “un animal; pero es más que esto, es el templo de un espíritu inmortal; ese espíritu puede ser profanado por la carne, y tal profanación se lleva a cabo cuando se violan las leyes de castidad.

“Nuestra civilización misma está basada en la castidad, la santidad del matrimonio y del hogar. Destruyamos éstas, y el hombre cristiano se convierte en un animal irracional.

“.. . la relación familiar continúa por toda la eternidad; es la relación humana más sublime y sagrada que conocemos.” (Conference Report, octubre de 1938, pág. 137).

La voz de la Primera Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días amonesta en términos inequívocos:

“. . . el pecado sexual—las relaciones sexuales ilícitas de hombres y mujeres—le sigue en delito, al asesinato. El Señor no ha marcado distinciones esenciales entre la fornicación, el adulterio o la prostitución. Cada una ha caído bajo su solemne y terrible condenación . . . tales no pueden . . . escapar los castigos y los juicios que el Señor ha declarado contra este pecado. El día en que tendremos que rendir cuentas vendrá tan ciertamente como la noche le sigue al día.”

Entonces, refiriéndose a aquellos que favorecen y justifican la iniquidad ya sea en la prensa, el micrófono o el púlpito, continuaron:

“Aquellos que disculpen este crimen diciendo que tal indulgencia es solamente una gratificación pura de un deseo normal, como si se aplacaran el hambre y la sed, hablan suciedad con sus labios. Su consejo lleva a la destrucción; su sabiduría proviene del padre de las mentiras.” (Mensaje de la Primera Presidencia de la Iglesia, Improvement Era, noviembre de 1942, pág 686).

Entonces oímos nuevamente la voz vibrante de Pablo:

“¿No sabéis que sois templos de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

“Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es” (1 Corintios 3:16-17).

Y la voz de Dios: “Yo soy Jesucristo. . .

“te mando no codiciar la mujer de tu prójimo; ni atentar contra su vida” (Doc. y Con. 19:24-25).

Las relaciones sexuales extramaritales impiden la entrada a los templos y de esta manera obstaculizan el camino a la vida eterna.

A cada uno que nos escucha le extendemos una cordial invitación para entrar al jardín humedecido, a la sombra de árboles agradables, a la verdad invariable.

Venid con nosotros hacia la certeza, la seguridad, la consistencia. Aquí manan las aguas refrescantes; el manantial nunca se seca.

Venid a escuchar la voz de un Profeta y a oír la palabra de Dios.

El Señor no cambia; El es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Su Iglesia permanece firme e inmutable; el pecado no será tolerado, pero el arrepentimiento sincero será recompensado con el perdón.

El Señor que sufrió por nosotros dice:

“. . . te mando que te arrepientas … no sea que te hiera con . . . padecimientos dolorosos—cuán dolorosos no lo sabes, cuán difíciles de aguantar no lo sabes.

“Porque, he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten.

“Mas si no se arrepienten, tendrán que padecer aun como yo he padecido;

“Padecimiento que hizo que yo, aun Dios, el más grande de todos, temblara a causa del dolor, y echara sangre por cada poro . . ” (Doc. y Con, 19:15-18).

Ruego que las voces de los siervos del Señor puedan prevalecer, en el nombre de Jesucristo. Amén.

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